Ahí mismo (Poesía erótica III)

En los dos artículos anteriores hemos visto algunos aspectos de la lírica relacionada con el deseo sexual y, en concreto, con el sexo de la mujer, a partir de distintos puntos de vista y desde diferentes voces poéticas, tanto masculinas como femeninas. Ahora toca el turno a los órganos genitales del hombre, donde nos encontramos con notables diferencias. La primera característica, y la más evidente, es que el tratamiento del sexo masculino no es tan uniforme y “benevolente” como ocurre con el femenino.

Los genitales masculinos son descritos poéticamente desde dos visiones totalmente opuestas. Una de ellas es la que, sobre todo a través de voces femeninas, trata de saldar deudas, depurar y cuestionar actitudes o modelos masculinos decadentes, con menoscabo o de forma burlesca. Este tipo de textos no entran en el campo de la literatura erótica y deberán ser analizados en otro momento. La otra visión, opuesta a la anterior, se enmarca en la línea extática, analítica y de sensual admiración ya comentada anteriormente con el sexo complementario. Para definir la posición de estas voces líricas “positivas” cito las palabras de Bañuelos Ceseña: La poesía erótica es una modalidad de conjuro literario que explora el misticismo del sexo y libera al cuerpo del mandato de la reproducción, de las ataduras morales: es la confesión del deseo; un deseo cargado de tensión y angustia, que emerge a la superficie entintando las palabras, y que constituye el núcleo de un discurso amoroso que deviene del inconsciente y sus profundidades 1Bañuelos Ceseña, Yaroslabi. Erotismo y literatura: poemas para erizar la piel. En www.culcobcs.com. En el caso de las poetas que vamos a citar más adelante, este enfoque tiene un sentido de emancipación de las ataduras morales impuestas desde la antigüedad y, como consecuencia, resulta ser la expresión sincera de sus sentimientos, desmitificando paradigmas masculinos o, simplemente, superando modelos trasnochados.

Un ejemplo de esta liberación de las trabas para expresar las inclinaciones sexuales de la mujer lo tenemos en el poema de la jerezana Josefa Parra:


Cubierta libro "Idolatría"

He visto la poesía
creciéndote en los muslos.
He visto por tu carne
el eje de mi voz, y las palabras
tatuando tu cintura.
Ahora comprendo, porque está tan claro, que nunca dejaré de desearte
2Parra Ramos, Josefa. Idolatría. Ed. Diputación de Cádiz. Col. Siete Mares. Cádiz, 2007.

Otra peculiaridad más, relacionada con la erótica deíctica del sexo masculino, es que las voces poéticas son mayoritariamente femeninas. He localizado un poema de Vicente Aleixandre que veremos más adelante, y algunos textos de poetas franceses (Paul Verlaine, Théophile Gautier…), pero creo que estos últimos no cumplen con los cánones de la poesía erótica, citados por Luisa Valenzuela en la anterior entrega –dado su lenguaje procaz, directo, ausente de sugerencias y de metáforas– y por ello no se pueden considerar adscritos a esta literatura erótica. Bañuelos Ceseña lo explica perfectamente: El poema erótico rinde pleitesía a los sentidos y a la voluptuosidad a través de la contemplación del otro, cada línea enaltece el acto amoroso o exalta los deleites sensuales transformando la conducta sexual en un rito solemne; los cuerpos ya no son sólo carne y vísceras: son mares que se agitan y mezclan, son lodo y arcilla donde se hunden las manos curiosas o manantiales cristalinos que se derraman […]. De esa manera el erotismo se convierte en una experiencia transgresora, donde los amantes declaran sus pasiones y viven la exuberancia de las sensaciones de forma extraordinaria 3Bañuelos Ceseña, Yaroslabi. Erotismo y literatura: poemas para erizar la piel. En www.culcobcs.com.

En este juego sensual y contraventor se incluyen algunas de las poetas que publican sus obras a finales del siglo pasado. Así lo puntualiza M. Rosal:  Los poemas en los que la mujer dirige la escena erótica son bastante abundantes en la poesía contemporánea a partir de los ochenta. El deseo femenino se expresa a veces en una revisión de los mitos y arquetipos clásicos, como lo manifiesta Inmaculada Mengíbar al revisitar las imágenes de Ulises y Penélope en «Cosas de mujeres” 4Rosal, María. Revisión y subversión en la mirada femenina: representaciones textuales del cuerpo masculino. En VV.AA. Rebeldes literarias. Ed. ArCiBel. Sevilla, 2010.


Portad libro "Pantalones blancos de franela"

Pero seamos realistas:
Penélope, cosiéndole,
no es más feliz que yo
ahora mismo rompiéndole
la cremallera
5Mengíbar, Inmaculada. Pantalones blancos de franela. Ed. Hiperión. Madrid, 1994.

Ya en generaciones anteriores a Inmaculada Mengíbar encontramos el tratamiento del cuerpo del hombre con un carácter sagrado. Juana Castro y Clara Janés son dos ejemplos de esta erótica contemplativa. A esta última autora pertenece el siguiente poema que transcribo para su lectura y estudio:


Portada libro "Poesía erótica y amorosa"

Estuve con un joven
y supe al fin lo que era
el violento arrebato, la agilidad vibrátil,
cavidades melosas en la carnosa pulpa
suavemente entreabierta
hasta el linde dehiscente,
el perfecto engranaje,
la densidad precisa de jugos derramados,
la inclinación debida,
la posición exacta,
y la sabiduría del mutismo,
la belleza de un glande
6Janés, Clara. Poesía erótica y amorosa. Vaso Roto Ediciones. Barcelona, 2010.

Un texto donde el gozo y la sensualidad son evidentes. Es la exaltación del amor, del arrebato y la fogosidad en movimiento, para conseguir un clímax de arrobamiento. Clara Janés nos introduce, a través de un breve relato, en una detallada película descriptiva, donde el encuadre y la composición de las palabras van creando la estética del goce de los sentidos. Y uno de los instantes más alegóricos del poema viene dado a través de la palabra dehiscente, una imagen extraída de la Botánica (se aplica al fruto cuyo pericarpio se abre naturalmente para que salga la semilla).

Una de las poetas que más destaca en la descripción física del sexo masculino es Ana Rossetti. Lo podemos comprobar en el siguiente poema cargado de imágenes metafóricas:


Portad libro "Los devaneos de Erato"


Cibeles ante la ofrenda anual de tulipanes


Desprendida su funda, el capullo,
tulipán sonrosado, apretado turbante,
enfureció mi sangre con brusca primavera.
Inoculado el sensual delirio,
lubrica mi saliva tu pedúnculo;
el tersísimo tallo que mi mano entroniza.
Alta flor tuya erguida en los oscuros parques;
oh, lacérame tú, vulnerada derríbame
con la boca repleta de tu húmeda seda.
Como anillo se cierran en tu redor mis pechos,
los junto, te me incrustas, mis labios se entreabren
y una gota aparece en tu cúspide malva
7Rossetti, Ana. Los devaneos de Erato. Ed. Prometeo. Valencia 1986.

Para finalizar este apartado dedicado a la lírica del sexo masculino traigo aquí la voz de Vicente Aleixandre. Después de su primera etapa más cósmica y surrealista, el poeta se inclina, posteriormente,  por lo humano: En esta nueva etapa lo cósmico ya no prima sobre lo humano. Lo aparentemente insignificante, el detalle, el mínimo gesto, es ahora lo que se impone en el verso. Incluso el cuerpo humano se observaen las partes que lo definen: «El vientre, «El brazo», «El sexo», «El pelo»8Aleixandre, Vicente. Poesía completa. Edición de A. Sanz. Ed. Lumen. 2017.

Fruto de este minucioso análisis reflexivo es el siguiente texto “El sexo”, que nos presenta una visión vitalista donde el miembro varonil aparece representado como un fruto repleto de luz y de fuego que es capaz de sembrar, de crear nueva vida:


Cubierta libro "Poesías completas de Vicente Alenxandre"

El Sexo

 I

Pendiente de ese tronco
el fruto consta en vida.
Su materia consiente
una verdad durable.
En la sombra él madura,
si por siglos, finito,
y no cae sino cuando
el árbol rueda en tierra.
Fruto de carne o masa
de vida congruente,
pálido en su corteza,
nudosa nuez compacta.
La sangre rueda y pasa,
y ardiente sigue y vase,
mientras el viento pone
la vida en llamas y arde
doble tiniebla absorta.
Eje del sol que un rayo
descargará sin duelo
y estallará en la liza
dentro en la sombra exacta.
Oh, conjunción del fuego
con su materia idónea.
Fuego del sol, o fruto
que al estallar se siembra
9Aleixandre, Vicente. Poesía completa. Edición de A. Sanz. Ed. Lumen. 2017.

Para el siguiente capítulo dejamos la segunda parte de este poema que Aleixandre dedicó al sexo femenino.

© José Luís Pérez Fuente