Ahí mismo (Poesía erótica IV)

Las siguientes secciones de esta serie de artículos dedicados a poetas que han navegado por los piélagos de la lírica amorosa, apuntando la proa directamente al sexo –masculino o femenino–, cambian su rumbo. No continúan el estricto orden biunívoco (poetas masculinos  => sexo femenino, poetas femeninas  => sexo masculino, etc.). Se trata de recopilar una breve antología que busca lo original –dentro de la propia singularidad que conlleva de por sí este tema– y pretende sorprender con autores famosos que se adentraron alguna vez en el mundo de la erótica hecha poesía y de curiosos e insólitos poemas merecedores de estar en esta breve antología.

La primera parte de las tres que compondrán este sucinto florilegio está dedicada a poetas de principios del siglo XX,  el novecentista Juan Ramón Jiménez y los poetas del 27, Rosa Chacel y Vicente Aleixandre. Curiosamente, el primero y el último recibieron el Premio Nobel de Literatura.

Portada del libro de Vicente Alexandre

Comenzamos con Vicente Aleixandre, del que vimos en el capítulo anterior un poema dedicado al sexo masculino. Si en ese primer texto, el fuego, la luz y la vida dominaban la escena, también ahora son elementos de la naturaleza los que aparecen creando una descripción onírica, más allá de la realidad física, donde el sexo femenino es un Lecho para el agua viva en el que el tiempo se detiene, es luz y genera luz; pero a la vez es sima voraz donde el rayo penetra para fundirse con la noche perfecta de los dos amantes:

El Sexo

II

Entre las piernas suaves pasa un río,
lecho insinuado para el agua viva;
entre la fresca sombra o un humo quedo
que en el terso crepúsculo está inmóvil.
Entre los muslos, sólo el tiempo quieto,
el tiempo que no pasa, eternamente,
inmortal, sin nacer, entre las sombras.
Entre las piernas bellas solo un río
en el fondo se siente cruzar único.
Agua oscura sin tiempo que no nace
y que sobre la tierra desemboca.
Oh, hermosa conjunción de sangre y flor,
botón secreto que en la luz perfuma
el nacimiento de la luz creciendo
de entre los muslos de la bella echada.
Ruda moneda o sol que exhala el día
naciendo de ese cuerpo dolorido,
presto al amor cuando el cenit empuje
al adversario que agresivo avanza.
Misterio entonces del ocaso ardiente
cuando como en caricia el rayo ingrese
en la sima voraz y se haga noche:
noche perfecta de los dos amantes.
1Aleixandre, Vicente. Poesía completa. Edición de A. Sanz. Ed. Lumen. 2017.


Libro de Rosa Chacel

Rosa Chacel proyectó (en 1936), junto con Rafael Alberti y María Teresa León, un libro compuesto exclusivamente con sonetos. Se trata de una poesía de circunstancia, como la propia autora reconoció: son poemas con un destinatario de nombres y apellidos propios y al lector le es muy difícil penetrar en ese recinto 2Rodríguez Fernández, Ana. La obra novelística de Rosa Chacel. Universidad de Barcelona. Barcelona, 1986. Si a esto le añadimos la influencia del gongorismo, del vanguardismo y, sobre todo, del surrealismo, evidentes en todo el poemario, vemos que la autora pretendía la combinación de imágenes surrealistas en su calidad de escritura desatada que procede del subconsciente y por tanto de los dominios de la memoria libérrima, y la «jaula estricta de los catorce versos», el soneto, verso clásico que, a modo de «vaso sagrado» contuviera las más «informes, abruptas e incongruentes imágenes», esa libertad inextricable del surrealismo. 3Ruiz Baños,Sagrario. La poesía clásica de Rosa Chacel. En Actas del congreso en homenaje a Rosa Chacel. Ed. de Mª Pilar Martínez Latre. U. de La Rioja. La Rioja, 2019.

El soneto elegido de su libro A la orilla de un pozo está dedicado a Paz González, coetánea de Rafael Alberti, María Zambrano, Nikos Kazanzaki, María Teresa León, Concha de Albornoz y otros amigos a los que dedica su obra. El sexo femenino es presentado como una estrella, pasionaria o rosa donde se esconde la historia de muchas mujeres y que resulta ser un receptivo cáliz generador de fuego puro:

                           A Paz González.

En un corsé de cálidas entrañas
duerme una estrella, pasionaria o rosa,
y allí la casta Ester, la misteriosa
Cleopatra y otras cien reinas extrañas

con fieros gestos e indecibles mañas
anidan entre hierba rumorosa.
Allí hierve el rubí que no reposa,
pulsan sus arpas mélicas arañas.

Allí en el cáliz de la noche umbría
sus perlas vierte el ruiseñor oscuro.
Allí sestea el fiel león del día.

En su escondido sésamo seguro
custodia el grifo de la fantasía
de hirviente manantial el fuego puro
. 4Chacel, Rosa. A la orilla de un pozo. Ed. Pre-Textos. Valencia, 1985.


Portada libro poesía de Juan Ramon Jiménez

En su primera etapa como poeta, Juan Ramón Jiménez tuvo contacto con la generación anterior a la suya –el modernismo– y, en esa época ­–1901–, ­es cuando nuestro ilustre poeta ingresa en una casa de salud de Burdeos para recuperarse de la depresión producida por la muerte de su padre. Parece que el consuelo no lo encuentra en el médico que lo atiende, sino en su esposa, Marie Roussié, a la que dedica un encendido poema, de versos alejandrinos asonantados, donde late la inmensa fascinación por la belleza femenina que parece desprenderse de estas palabras suyas: “Una mujer bella e inteligente, vale más que un hombre de genio; una mujer solamente agradable vale más que un hombre culto«. 5Puente López. J.L. Las pasiones tempranas de J.R.J. En https://www.leonoticias.com.

Publica en 1913 este poema, junto con otros de parecidas características en su libro titulado Libros de amor, siendo su obra más sensual y erótica, y por ende la más humana. Zenobia Camprubí, en el otoño de 1913, lo retiró de la imprenta por encontrarlo inconveniente y así quedó hasta que fuese devuelto la luz. 6En: https://huelvabuenasnoticias.com/2014/04/29/juan-ramon-jimenez-el-hombre.En 1964 la Editorial Aguilar, hizo una primera edición de la mano de Francisco Garfias y, en 2007, José Antonio Expósito volvió a publicarlo en la Editorial Linteo. Dice F. Garfias sobre el J.R.J. que escribió estos versos: Lo que hay en él de árabe sensitivo le enerva la sangre, y sus agudos y sensuales trasmundos encuentran, en el verso alejandrino asonantado, una cadencia mórbida y doliente muy propicia a sus quejas de amor. 7Jiménez, Juan Ramón. Libros inéditos de poesía. Ed. de F. Garfias. Ed. Aguilar. Madrid, 1964.

Tu sexo negro, suave como un plumón de pájaro,
entre las sedas blancas, amarillas y malvas
es como un faro –imán luminoso a mis ojos–
en un revuelto mar de tibias olas pálidas.

Un aroma sutil como de islas exóticas
en la tibieza suave de tus muslos flotaba.
¡Naufragué locamente, sin orden ni sentido
en el oleaje de tus faldas perfumadas!

Con qué tristeza, luego, como en un alba débil
de suaves nubes rosas, amarillas y malvas,
vi apagarse la luz de sombra de la noche
desde el hastío roto de la indolente playa…
8Jiménez, Juan Ramón. Libros inéditos de poesía. Ed. de F. Garfias. Ed. Aguilar. Madrid, 1964.

© José Luís Pérez Fuente