Al amanecer

Las gaviotas alzaron el vuelo al restallar el trueno. Martín abre los ojos y se sienta bruscamente sobre la cama. Estaba soñando que caminaba por la playa cuando sonó el disparo. Está seguro de que se trató de la detonación de un arma de fuego. Baja de la cama y sale de la habitación. El resto de la casa está vacío. Regresa a la habitación y se detiene en el umbral de la puerta. Observa a la mujer que duerme desnuda sobre la cama y los recuerdos regresan como polillas atraídas por la luz. Primero los gritos, luego los empujones. Él levantando la mano que se convierte en un puño, ella sacando el arma de la cómoda. El ominoso silencio y la dolorosa certeza de que ella apretará el gatillo. Él se desliza por la pared hasta que queda sentado sobre el suelo. Ella deja caer el arma y solloza. Los recuerdos cesan y Martín sonríe con tristeza. Camina hacia la ventana. El amanecer se acerca. Vuelve a verla y se pregunta si algún día ella dejará de soñarlo. “Deberías olvidarme”, le susurra al oído. Ella se agita y cambia de posición mientras oculta el rostro bajo una almohada. Martín retorna a la ventana y mira a las gaviotas que se marchan de la playa. Cuando ella despierte, él también se habrá ido.

© Kalton Bruhl