¿Alguna vez has leído las nubes?
La gente experta te habla de cirros, cirrostratos, esos que parecen velos finos. Las otras formas que ellos llaman estratos son esas nubes bajas y grises que acaban con mi tensión mínima y la depositan ya en el suelo directamente. No quiero hablar de las oscuras que producen las tormentas que se quedan en mi cabeza, esas las dejamos para otro momento.
Me gusta más eso que llaman pareidolia.
He leído que es un fenómeno psicológico por el que nuestro cerebro (programado ya de raíz para reconocer patrones de caras que nos pueden ayudar a sobrevivir) intenta darles formas reconocibles a esas figuras abstractas. Para seguir viviendo, para encontrar ilusiones.
No todas las nubes valen para encontrar esa familiaridad que necesitamos a veces para seguir soñando. Los cúmulos son las mejores, esos grupos blancos, densos con los bordes limitados son los que nos ayudan más y podemos distinguir siluetas de animales.
Tumbada en la hamaca del jardín jugaba a buscarte e imaginaba, si cerraba los ojos, que estabas a mi lado olisqueando las plantas más bajitas y comiéndote algunas de las hierbas que empezaban a salir en el huerto pequeño del rincón. Escuchaba tus pasos y dibujaba con esmerada paciencia esa línea fina entre lo real, lo necesitado y algo que dejaba a la imaginación para no perderme.
Había intentado un montón de veces encontrarte entre esas nubes que aparecían de manera esporádica, pero, algunas veces con prisa, se desvanecían, y otras, bailaban juntas formando las líneas de coreografías suaves pero firmes, dignas de las mejores compañías de danza.
Me sorprendía a mí misma buscando figuras, pero seguía sin descifrar tu imagen en esa parte de cielo blanco azulado…hasta justo esta mañana.
Quizás ha coincidido también con otra marcha cercana pero el caso es que os he visto a los dos, jugando, saltando, y disfrutando de un cielo cómodo. Corriendo detrás de las pequeñas pelotas que formaban esas otras nubes en movimiento, ya sin dolor, con la fuerza que produce sentirse con la juventud madura y el inmenso amor que os sostiene y os mandamos desde aquí.
Bueno, es oficial ya no volveré a dormir durante el día en bastante tiempo, no puedo dejar de mirar el cielo para teneros aún más cerca y saber de vosotros, aunque no pueda abrazaros como siempre ahora lo hago con el corazón.
© Texto: Antonia Magdalena Jiménez
© Imagen: Encima de la Niebla

