Amanece de Carmen Nöel

La aurora le está entregando su perfil a las cosas.
Las cosas se abren, flores tempranas, hacia la aurora.

Hay un alma cincelando un rostro.
El rostro parte una lágrima para su alma.

Sacerdotisa y sibila, mañana llegó sin más detalles
y la oscuridad selló sus labios, habló la sibila.

Anda el aire en despojo de sus pertenencias
¿querrá bañarse en el cristal de un recuerdo?
Un mundo de sutilezas se desenreda del aire.
Mientras tanto, la luna se despereza.
Sus hilos plateados quedaron ocultos bajo su velo de sueño.
Para la luz ya duerme.

Brotan círculos revueltos con olores.
Montañas de flores rompen sus pétalos sobre los cuerpos.
Lleva el iris, arco de flechas con golosinas,
la más dulce caricia invisible y cálida.
La siente. La piel la siente.
Como la vida.
Es el escándalo más grande jamás desenterrado.
Amanece.
El sol desenvaina su espada y les rasga sus ropajes a las sombras.
En la caída, todo un ritual se le rinde al corsario de la luz y la belleza.


© Texto:  Carmen Nöel
© Imagen: Encima de la niebla