Aniversarios

No son una pareja joven, al contrario, han entrado en el momento de su vida en que el recorrido será más breve. Sin embargo, la ilusión que mantienen por su convivencia les hace pensar que eso tardará en llegar.

Han decidido festejar los veinticinco años de vida en común, quieren disfrutar de todo aquello que todavía el cuerpo les permita.

– ¿Dónde te apetece ir? Comentó Francisco a su pareja Julia.

– ¡Oh! Hay muchos lugares que aún no hemos visitado, pero de momento me decanto por un viaje por Italia. No podemos dejar de ver Roma, Florencia, Milán, Venecia…, y en otro próximo podríamos completar el recorrido con Nápoles, Sicilia, Pompeya.,

– Estoy de acuerdo cariño, pero hay que dosificarlo, aún nos quedan otros países o ciudades por recorrer. Vamos a planificar de momento tres ciudades italianas. Las demás ya iremos mirando donde vamos en otro año, según estemos de salud.

Julia asintió; cuando realizaron un crucero por el Adriático estaba muy contenta porque paraban en Venecia, teniendo oportunidad de visitarla.

No fue posible, los atrasos en las llegadas y salidas del barco, dificultaron poder verla, se tuvieron que conformar con que un barco autobús, les paseara por fuera del Gran Canal y vieron esa Venecia ansiada, de lejos. Julia llegó a España con una gran decepción.

En Atenas no habían podido subir al Partenón por falta de tiempo; no solo ahí, en cada puerto que tocaban, la visita o excursión que tenían era de lo más breve.

Volviendo al tema del viaje que les ocupaba, decidieron hacer Roma por su Historia y monumentos, Florencia, por el arte que encierra y ya puestos Venecia, tenían que desquitarse de la decepción que sufrieron.

Como la guinda del pastel era Venecia, la disfrutaron con más tranquilidad, aunque se daban unas buenas palizas a caminar, terminaban el día derrotados pero felices.

Este viaje les anunciaba que no podrían hacer esos maratones, tendrían que ir viajando escogiendo una sola ciudad, y más días de estancia.

El tiempo les jugó malas pasadas con la lluvia, en Roma, nada más salir de la Basílica, cayó una tromba de agua que les obligo a coger un taxi y para el hotel.

En Venecia el último día más de lo mismo, con un extra, del que no tuvo la culpa el tiempo.

A pesar de los miles de avisos que hay por todos lados, notificando que tienen muchos carteristas y que se vigilen las pertenencias, Julia en la última noche que pasaban allí, se descuidó en la forma de cerrar su bolso y sin percatarse, metieron la mano en la mochila y le robaron el monedero.

Julia no es amiga de tener presagios, pero esa ocasión, cuando entraron en el callejón que siempre estaba lleno de gente, para acceder a un puente que les dirigía hacia el hotel, pensó:

– Puff no hay nadie por aquí, está algo oscuro, es un buen sitio para un robo.

Se cumplió su presagio, no le dieron tirón ni nada parecido, pero notó algo en su espalda, inmediatamente dijo a Francisco:

– Espera que me voy a poner la mochila por delante de mí.

En ese momento, les sobrepasó un hombre, sin prisas y metiéndose por el camino a lo largo del canal.

– ¡Me han robado la cartera!

– Mujer mira bien,

claro que miró bien y por supuesto no estaba.

Había desaparecido la cartera con esa documentación y tarjetas que se llevan para los gastos, además de 60 € que llevaba en metálico.

Lo peor de esa situación fue primero que Julia se sintió como una idiota por no haber tomado las precauciones adecuadas.

Al día siguiente hubo que ir a poner la denuncia. Previamente había anulado las tarjetas y con eso se había protegido.

De todas maneras, no se quejaron de la situación, habían disfrutado de todo el viaje y esta guinda no les estropearía la buena vibración de visitar parte de Italia.

Por cierto, para ir al aeropuerto, les recogió una lancha que fue como en una película de las de James Bond.

Una vez que salió a mar abierto, la lancha cogió velocidad saltando por encima del agua. Detrás venía otra con la misma rapidez, por lo que Julia que es muy peliculera dijo:

– Somos como James Bond, perseguido por Golfinguer.


© Texto e imagen:  Maruchi Marcos Pinto

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