Cada febrero

El ojo pasa
revista a las fotos
con el corazón.

Tiempos pasados
laten nuevamente con
sonrisas nuevas.

A carcajadas
cobran vivos colores
tiempos pasados.

A la distancia
afloran los recuerdos
entre gaviotas.

Alguna herida
el eco del pasado
abierto aún.

Todo borroso
igual resplandeciente
con su cicatriz.

Entre la niebla
nuestras grises memorias
amores muertos.

Vista nublada
las cuerdas de un violín
como resorte.

Inmerso en mí
las memorias dormidas
abren sus ojos.

El niño que fui
andaba por los montes
ensimismado.

A solas al sol
la mirada perdida
entre cielo y mar.

Dulce estarse
a solas contemplando
el atardecer.

Mirar la noche
contando sus estrellas
Papá silbando.

En una gota
rayos de sol, agujas
en la ventana.

Con su ventanal
aquella biblioteca
fue mi refugio.

El goce pleno
con mis cinco sentidos
tras las páginas.

En el tocador
cajita de música
inalcanzable.

La melodía
de los cristales rotos
bajo la lluvia.

Aquel espejo
con el que caminaba
toda la casa.

Remontándome
por otras perspectivas
hoy las celebro.

Como poeta
confieso he vivido
mucho más que tú.

No es arrogancia
abrirse a la vida
alejándose.

Una por una
amo mis soledades
somos multitud.

Cantemos nanas
para nunca olvidarte
Querido niño mío.

Cada febrero
me mira desde adentro
el niño que fui.


© Texto: José G. Santos Vega
© Imagen:  pixabay