De pequeño

De pequeño
tuve un limonero
aprendí mucho
sobre las espinas
me encantaba
arrancar sus limones
evitando siempre
sus espinas
no sé de qué los liberaba
ellos lloraban
y yo me los bebía.

Con la lupa sobre
la hoja
sube el humo
en aquella
larga
tarde incendiada.
Arriba el sol
sobre mi cabeza
soy una sombra
en cuclillas
abrazado al silencio
a solas
en el patio
de la casa mía.
Emito versos
en espiral
con hilo de
luz
en fuga.

Limones
agua
azúcar
todos en la olla
ellos lloraban
cuando mamá
los revolvía
no era limonada
era un simple
jugo de limón
yo miraba
la cara de la madre mía,
cuchara en mano;
y era yo
quien decidía
cuando era agrio
o dulce
sin más azúcar
que la debida,
aquella bebida
era cosa de los Santos
un tanto agrios
felices como todos los días.


© Texto: José G. Santos Vega
© Imagen: pexels