De pronto de Carmen Nöel
De pronto,
la vida no es fácil.
De pronto,
no me reconozco en el espejo.
Los que estaban ya no están
y antiguos desconocidos conocen mi nombre y mis sueños.
De pronto,
vivir es un riesgo,
un océano imbatible, una obsesión.
De pronto,
la noche se acerca
con sables de sombra y luna para atrapar los abismos de mis venas y habitarlos.
De pronto,
cada estrella guarda un nombre,
cada palabra un secreto,
cada muerto un corazón.
De pronto, solo de pronto,
mi piel destila un enigma profundo y eterno por resolver.
Las calles albergan lágrimas sobre cristales rotos.
Los rostros dibujan ruinas donde la primavera perdió el color.
De pronto,
los laberintos no existen.
Todo es presente. Todo es tejido de vida.
Solo tiempo inabarcable y mudo.
De pronto,
ya no se puede retroceder,
inventar palabras,
borrar errores,
destrozar castillos como en la infancia se destrozan paraísos en la arena.
De pronto,
la vida es una conquista,
la fantasía una herramienta,
la belleza una ecuación perturbadora.
De pronto, así, de pronto,
la sangre que me conforma abandona su inercia
para atender la atracción de la tierra.
De pronto,
la vida es soplo.
De pronto,
una llamada es una rosa.
Despertar es abrir.
Habitar la niebla es atrapar la plenitud universal del átomo contra el caos.
De pronto, siempre de pronto,
el tiempo se agota,
la herida se cierra,
la danza azul del invierno culmina su corazón.
Todo se desgasta y rompe.
De pronto, apenas de pronto,
solo la espuma del mar se apresura a guardar el secreto esencial de mi huella.
© Texto: Carmen Nöel
© Imagen: Encima de la niebla

