Diarios de Sentinel: I. Los Encuentros

«No vaciles nunca en irte lejos, más allá de todos los mares, de todas las fronteras, de todos los países, de todas las creencias». Amin Maalouf


El viajero sabe que tarde o temprano descubrirá nuevos horizontes y no puede evitar pensar en las personas que conocerá a lo largo del camino. Se cruzará con ellas fuera de su entorno habitual, en lugares que aun le son desconocidos, y sabe que cada una de éstas dejará una pequeña huella en su corazón. Se recuesta cómodamente y reflexiona sobre estos visitantes del futuro. Imagina en qué ciudad o pueblecito del mundo viven ahora, cómo se llaman, cuáles son sus rutinas, qué les hace felices. Y fantasea con los momentos que compartirán. Quizás unas sonrisas, un paseo, un café, una simple mirada. Un intercambio de monedas, un viaje en tren, un pedazo de fruta. O tal vez un instante de revelación, la magia de un abrazo, las vistas más sobrecogedoras que hayan visto jamás. Puede que una amistad para toda la vida.

El viajero deja que su mente se deleite con estos encuentros del porvenir y de pronto siente que ha nacido para peregrinar. Y le maravilla reinventarse por los caminos, ponerse otros trajes y contemplar el mundo con nuevos ojos. Redescubrirse en encuentros por llegar y escapar de tanto en cuando del autoritarismo de la rutina.

(Inspirado en un paseo por Tierra de Campos el 1 de julio de 2016)

© José María Atienza Borge
Imagen @Rubén Ojeda