Dios y poesía (¿Dios es poesía?) (¿La poesía es Dios?) – Parte I de III

Aunque el título parezca un juego de palabras heterodoxamente irreverente, se trata de plantear simplemente unas preguntas retóricas que puedan dar paso a la reflexión sobre ambos conceptos. Dice el evangelista Juan, en su capítulo 1, versículo 1: En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y Dios era el Verbo. El término «Verbo», que viene del griego λόγος, se atribuye a Jesús, que sería el portavoz de la palabra de Dios Padre para los hombres. Como vemos, esta voz, esta palabra es tan importante como para afirmar que Dios era el Verbo.

La poesía también utiliza la expresión oral y el enunciado escrito para convertirse en la manifestación máxima del sentimiento hecho palabra, en el vehículo de comunicación entre el poeta y el lector o el oyente. El mensaje divino –las Sagradas Escrituras– y el mensaje humano –la poesía–, comparten la palabra, lo sublime, y quieren llegar al corazón del oyente o tocar sus pensamientos para removerlos.

Dios y poesía no son una interrelación nueva. Desde los inicios de la poesía y de las comunidades sociales más primitivas se ha ensalzado a los dioses, se ha cantado y se ha utilizado la lírica para las liturgias y ceremonias religiosas de cualquier divinidad, fuera cual fuese su forma, o su nombre: Osiris, Viracocha, Quetzalcoatl, Odin o Frida 11. AA.VV. Dios en la poesía actual. Edición de Ernestina de Champourcín. Ed. B.A.C. Madrid, 1972.

Dámaso Alonso en su obra Poetas españoles contemporáneos llega a afirmar que toda la poesía es religiosa, lo que para Leopoldo de Luis vale decir que el sentimiento religioso y la actitud poética reconocen una raíz común en el corazón de los hombres 22. AA.VV. Poesía española contemporánea. Antología 1939-1964. Poesía religiosa. Edición de Leopoldo de Luis. Ed. Alfaguara. Madrid, 1969.

El poeta, como creador de nuevos mundos que superan los sentidos, trasciende hacia lo intangible. La poesía empela medios materiales, humanos, lingüísticos: recurre a la relación semántica, a la comparación de elementos, a la exaltación de ideas o sentimientos… y, a pesar de que se parte de realidades concretas, en muchos casos se trata de un camino de búsqueda de lo absoluto (el amor, el tiempo, el sentido de la vida, el dolor humano, la pasión…y, por supuesto, Dios). En esta indagación del máximo grado de perfección en la expresión de los sentimientos, la poesía emplea la palabra como una herramienta generadora de imágenes, de emociones, de ideas…

VIDA

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada. 33. http://www.poesi.as/jh49001.htm


José Hierro

NOCHE DEL AMOR INSOMNE

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado. 44. https://www.poetasandaluces.com.


Federico García Lorca

CÁNTICO DOLOROSO AL CUBO DE LA BASURA

Tu curva humilde, forma silenciosa,
le pone un triste anillo a la basura.
En ti se hizo redonda la ternura,
se hizo redonda, suave y dolorosa.

Cada cosa que encierras, cada cosa
tuvo esplendor, acaso hasta hermosura.
Aquí de una naranja se aventura
su delicada cinta leve y rosa.

Aquí de una manzana verde y fría
un resto llora zumo delicado
entre un polvo que nubla su agonía.

¡Oh!, viejo cubo sucio y resignado,
desde tu corazón la pena envía
el llanto de lo humilde y lo olvidado 55. http://amediavoz.com.


Rafael Morales

COMO LA HIEDRA

Por el dolor creyente que brota del pecado.
Por haberte querido de todo corazón.
Por haberte, Dios mío, tantas veces negado;
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración.
¡Porque es como la hiedra sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión!

Porque es como la hiedra, déjame que Te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,

y que mi vieja sombra se derrame a tus pies;
¡porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que Tú lo ves! 66. AA.VV. Dios en la poesía actual. Edición de Ernestina de Champourcín. Ed. B.A.C. Madrid, 1972.


Leopoldo Panero

Hay una circunstancia en la que poesía y Dios se unen y la superación de lo material y lo personal convierten la lírica en un mensaje religioso. Aquí llega el momento de descubrir el tupido velo del exclusivismo del creyente y su fe; y el tiempo de preguntamos por qué Dios optamos o qué religión elegimos… ¿Qué hacemos cuando la selección no pertenece al conjunto de dogmas que profesamos o la divinidad destinataria no es la nuestra? ¿Y, dónde dejamos a los incrédulos, agnósticos, ateos y demás familia de escépticos? ¿Cómo se entenderá la poesía religiosa?

Cuando se trata de poesía, no debería haber problema, tanto si es religiosa como si no. No es tan difícil de sentir si la palabra cumple su función estética y las imágenes transmiten significados asumibles. Nuestra comprensión de la vida y costumbres, de la cultura y conocimientos de nuestro entorno social habría de permitirnos que el mensaje y el contexto sean perceptibles, sea cual sea el tema tratado. En otras palabras, para acceder a una poesía amorosa, por ejemplo, no se necesita estar enamorado, al igual que sucede con la poesía religiosa:

DESEO

Tú, quieto, como piedra. Tú, frío, como piedra.
Yo, con mi brasa oculta por un velo ¡tan tenue!
que el roce de tus labios lo hubiera destrozado…

Pero no fue… Yo, acaso, te miré dulcemente;
acaso una sonrisa se me quedó en los labios…

Cien veces me has tenido. Antes. Después. Mil veces…

Y no sabrás que nunca, como entonces, se hubiera
alzado la perfecta llamarada del éxtasis
. 77. Ángela Figuera Aymerich. Obras completas. Ed. Hiperión. Madrid, 1999.


Ángela Figuera Aymerich

LA ORACIÓN DEL ATEO

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes,
cuando Tú de mi mente más te alejas;
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi alma endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,

Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras. 8. AA.VV. Dios en la poesía actual. Edición de Ernestina de Champourcín. Ed. B.A.C. Madrid, 1972.


Miguel de Unamuno

En nuestra cultura occidental contamos con escuelas y figuras relevantes alrededor de la poesía relacionada con la religión: Santa Hildegarda de Bingen en Alemania, San Francisco de Asís en Italia, pero, sobre todo, tenemos importantes autores en España como Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. Y, aprovechando esta circunstancia, repasaremos brevemente la lírica religiosa en España.

La creación poética que habla de Dios toma itinerarios distintos. Puede ir encaminada a la expresión de un sentimiento religioso, a la manifestación de la fe personal:

DIME

Dime  que  no  te  hago
a  la  medida 
de  mi  desolación  sin  horizonte. 
Dime  que  mi  agonía 
no  te  inventa,
cuando  en  su  ahogo  lento,  pronunciado, 
te  siento  por  las  venas 
respirándote.
Dime  que  yo  no  sueño.  Que  es  tu  mano 
la   que   temblando   aprieto  
entre  las  mías, 
cuando  la  noche  en  mis  pupilas  crece. 
Dime  que  cuando  hablo  —que  sólo  a  Ti te  hablo— 
vas  recogiendo  mis  palabras  leves.  Apretándolas 
sobre  tu  corazón.  Como  presiento 
Dime  que  cuando  lloro 
alargas  tu  sonrisa  —la  que  veo—  
hasta  lo  más  mojado  de  mi  cara
.89. AA.VV. Poesía española contemporánea. Antología 1939-1964. Poesía religiosa. Edición de Leopoldo de Luis. Ed. Alfaguara. Madrid, 1969. […]

María Elvira Lacaci

Dios, invención admirable,
hecha de ansiedad humana
y de esencia arcana,
que se vuelve impenetrable.
¿Por qué no eres tú palpable
para el soberbio que vio?
¿Por qué me dices que no
cuando te pido que vengas?
Dios mío, no te detengas,
¿o quieres que vaya yo? 910. AA.VV. Dios en la poesía actual. Edición de Ernestina de Champourcín. Ed. B.A.C. Madrid, 1972.


Guadalupe Amor

O bien, la lírica religiosa tiende hacia un encauzamiento dogmático, ritual, didáctico o hagiográfico:

LA SAETA

                                                  «¿Quien me presta una escalera,
                                                  para subir al madero
                                                  para quitarle los clavos
                                                  a Jesús el Nazareno?»
                                                                              Saeta popular

¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
1011.  Antonio Machado. Poesías completas. Edición de Manuel Alvar. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1987.

Antonio Machado

[…]

Señor sancto Domingo,          leal escapulado,
andaba en la orden          como bien ordenado,
los ojos apremidos,          el capiello tirado,
la color amariella,          como homne lazrado.

Quequiere que mandaba         el su padre abat,
o prior o prepuesto          de la socïedad,
obedecié él luego          de bona voluntad,
teniéngelo los bonos          a bona Cristiandad

En claustra nin en coro         nin en otro logar
que vedaba la regla          él non querié fablar;
quiquiere que en cierto          lo quisiese buscar
fose a la eglesia          acerca del altar. 1112.  http://www.cervantesvirtual.com.
[…]

Gonzalo de Berceo


Texto © José Luís Pérez
Fotografía © geralt