Dios y poesía (¿Dios es poesía?) (¿La poesía es Dios?) – Parte III

La beldad de los innumerables detalles de la naturaleza o la delicadeza de algunos gestos humanos son para Guillermo pruebas fehacientes de la estela sagrada que el Espíritu Santo deja a su paso por el mundo. Tal es el efecto que produce en el poeta la contemplación de esas experiencias que llegan a ser un bálsamo, un remedio para la incertidumbre existencial que, como ser humano, pueda tener: dudo de mis dudas y temores.  

En cambio, cuando pienso en el Espíritu,
me es fácil intuïrTe en todas partes

tu gracia descubierta en cada gesto:

las manos arrugadas de un anciano

que tanto acariciaron y vivieron;

un sauce que se agita con el viento;
[…]

la risa desdentada y transparente

de un niño que descubre el arco iris

o juega con la nieve o salta libre;

la frágil danza de la mariposa,

las mudas castañuelas de sus alas,
la lluvia de color de su aletea;

la ola con su espuma juguetona

que besa y viene y va sobre la arena;
el cielo que se tiñe de calores

al lento atardecer de los veranos;

la gota de rocío en la azucena
brillando sobre el dulce terciopelo
de pétalos tan bellos como suaves;

los dedos del bebé recién nacido
perfectos pajaritos que se agitan;

el pico blanquecino en la montaña,
capilla natural que apunta al cielo;
el suave escalofrío en la caricia,

o la mejilla dulce sonrosada:

Allí Tu gracia está tan rebosante
que dudo de mis dudas y temores.

[…]

Las almas más sencillas Te perciben
en todas estas cosas y otras muchas:

Tu Espíritu penetra en todas partes      

y deja claras huellas a Su paso. 11. Guillermo Arróniz. Mi fe desnuda. Ed. Flores Raras. Madrid, 2019.

Guillermo Arróniz

Otra de las vías para llegar a Dios, para lograr la unión mística, es la senda de la virtud, la búsqueda de la santidad a través de la renuncia a lo material y la entrega personal a los demás, a los necesitados, como acto de caridad extraordinario. Los dos poetas abordan esta travesía vital desde puntos de vista diferentes. Para Pilar Elvira, amar a los demás, como lo hizo Jesús, es ardua tarea, pero es el camino de perfección que la puede unir a Dios. Lo difícil, sobre todo, es amar lo imperfecto, entregarse a los demás sin excusas ni prejuicios:

AMAR

¡Yo no sé amar como Tú!

Mi fe movería montañas
pero me falta el amor. ..

Suenan huecas las campanas
unos platillos retiñen:
sin el amor no soy nada.

¡Amarte a Ti es tan sencillo!

[…]

Pero me pides que busque
en los demás Tu mirada,
que reconozca Tu rostro
en las miserias humanas.

y mi amor se vuelve torpe …
¡Es la tarea tan ardua!

Abrazar la imperfección,
la fealdad, la ignorancia,
la enfermedad, el sudor,

la tosquedad, la desgracia …
con dulzura maternal

y devoción espontánea.

Sonreír a quien me irrita
con paciencia sosegada,
condescender gentilmente
con todo aquel que me daña,
saber buscar la inocencia
tras una mueca malvada.

Facilitar el esfuerzo

de amarme a quienes me aman,
templando mi corazón

con humildad delicada.

Amar sin vacilación

a aquellos que no me aman.

¡Qué sobrehumana labor!

Soy débil e inacabada,
en mi pobre imperfección
nunca podré alcanzada
¡Dame un nuevo corazón
que no rinda la batalla!

[…] 22. Pilar Elvira Vallejo. En voz alta. Ed. Homo Legens. Madrid, 2019.

Pilar Elvira Vallejo

Para Guillermo Arróniz, el tránsito hacia la unión con el Ser Supremo pasa por la oración como símbolo de fe, de la comprensión de Dios y de sus designios. El poeta necesita superar las dudas y las paradojas que acarrea el anhelo de santidad para encontrar a Dios y el dolor será un elemento catalizador y purificador:

No quiero cuestionar en absoluto
tus prédicas, Señor. Estoy rezando.
Rezando con afán de comprenderTe.
Soy barco a la deriva, busco faro,

destino, referencia … mas Tus signos
difíciles resultan, más que humanos:
ser santo es quemadura que no sana,
herida placentera que no cierra,

terror de hacerlo mal a cada instante
angustia inexplicable, sofocante,
¡anhelo de encontrarTe, de encontrarTe!
Son ganas tan auténticas, tan vivas,
que hunden sus raíces cuerpo adentro
y secan los sentidos lentamente

o dan a los sentidos un sentido
distinto a lo que el mundo me ha enseñado.

Se escuchan los pesares de los vivos,
se mascan como propios sus dolores:

son trozos de Tu propio sufrimiento,
caídos de la cruz, inmensos clavos.
Se huelen como llagas florecidas
las palmas de tus manos traspasadas:
besarlas, luminosas como espadas,
sentirlas, afiladas como espinas
de arbusto donde crece tu corona

vergüenza de los hombres que fustigan
Tu Cuerpo de verdad como rosales,
hermoso y perfumado en el Domingo. 33. Guillermo Arróniz. Mi fe desnuda. Ed. Flores Raras. Madrid, 2019.


Guillermo Arróniz

Además de las concomitancias temáticas expuestas, Pilar Elvira y Guillermo Arróniz han optado por dar un formato métrico concreto a sus obras: ella se inclina por el romance y él por los endecasílabos libres, aunque los dos coinciden en incluir el soneto en momentos puntuales de sus textos.

Al margen de estas concurrencias citadas, Pilar y Guillermo tienen, por sí solos, exclusivos momentos de fuerza expresiva, de sentimiento piadoso y de inspiración lírica que merece la pena que sean destacados.

Comenzando por Pilar Elvira, el primer fragmento extraído de su obra pertenece al poema «Luz blanca». En él, la voz poética aparece metaforizada como fugaz arena en comparación con la grandeza de una galaxia. A pesar de esta minúscula sencillez, Dios la conoce y le ofrece su magnanimidad. El anhelo de ver a Dios se hace patente, como en otros momentos de la obra:

LUZ BLANCA

[…]
Y yo soy fugaz arena
en el seno de una playa
de un minúsculo planeta
en una remota galaxia.
Mas Tú me conocerías
aunque el viento entremezclara
en furioso torbellino

toda la arena dorada.

Te sigo, ruego y confío,
pues si al andar tropezara
por dirigirme a Ti a ciegas
Tú encontrarías mi alma,
me mostrarías la senda
que conduce a tu morada
y en el umbral, generoso,
disculparías mis faltas.

Se acallarían los ecos
huecos de voces humanas,
se eclipsarían las luces
que de Tu luz me separan
¡Y entonces podría verte…!
¡Por fin los dos cara a cara!
en un gozo inmensurable
de eternidad sublimada.
44. Pilar Elvira Vallejo. En voz alta. Ed. Homo Legens. Madrid, 2019.

Pilar Elvira Vallejo

El segundo texto elegido es un poema cuya brevedad viene a corroborar la sentencia de Gracián (lo bueno, si breve, dos veces bueno). Cualquier detalle fruto del hombre, por mínimo que sea, puede llevar a Dios. Lo humano y lo divino se complementan. La autora se siente unida provisionalmente a la divinidad y lo que espera es el reencuentro definitivo:

En el límpido celeste
un avión traza una línea
blanca directa al cielo.

Así dejaste tu rastro
para que pueda seguirte
hasta un reencuentro certero.
55. Pilar Elvira Vallejo. En voz alta. Ed. Homo Legens. Madrid, 2019.

Pilar Elvira Vallejo

El último texto elegido se trata del relato de una experiencia que podría calificarse de extrasensorial. Se produce una ceremonia de unión entre una coral juvenil, los arcángeles y la voz lírica de la poeta. La presencia del espíritu de Cristina (Cristalina, la hija ausente (físicamente) a la que dedicó su primer poemario –Cielos rasos–) como una de las voces junto a Dios es un pasaje con un profundo lirismo y de los más conmovedores del libro.

¡HOSANNA!

Un coro de jóvenes voces
entona alegre las notas de un canto.

Dan gloria a los cielos,
proclaman un Santo,
se aprietan entre ellos
en el primer banco,
uniendo algazaras
que vuelan muy alto.

El techo del templo
no puede enclaustrarlo.
Un grupo de arcángeles
se une a los salmos.

Empiezo a cantar sin poder evitarlo.
¡Hosanna! corean
serafines y santos

en un repetido estribillo afinado.

Una comunión
vibrante y extraña
llena de emoción
la loa rutinaria.

Destaca una voz
limpia y Cristalina …

Cuando Dios la escucha,
sonríe y me mira.

Mi trémula voz

se quiebra en el llanto
al reconocerla
cantando en mi banco.
6 6. Pilar Elvira Vallejo. En voz alta. Ed. Homo Legens. Madrid, 2019.

Pilar Elvira Vallejo

El fragmento que voy a presentar ahora es uno de los que más me impresionó en la primera lectura del libro Mi fe desnuda de Guillermo Arróniz. Se trata de un acto de fe: tienes un camino para mí,a pesar del vacío racional que aparentemente sufre su autor: esta obsesión de darle vueltas / a las cosas, pensar sin comprender

El yo poético se confiesa imperfecto y utiliza unas palabras muy duras, dolorosas, para expresar sus pecados clamorosos. Es un acto de contrición, de arrepentimiento sincero, quedando desnudo espiritualmente ante Dios y ante el lector. Pero se trata de un camino necesario para llegar a Dios con esperanza y convencimiento: Yo siempre creo.

Saber que me conoces, sin embargo,
también me hace pensar, de alguna forma
que tienes un camino para mí,
que no me pedirías lo imposible,
que toda esta obsesión de darle vueltas
a las cosas, pensar sin comprender,
(Levítico, Levítico, Levítico)
dejar que la conciencia me fustigue
por todos mis pecados clamorosos,
deformes como monstruo sin cabeza
que escupe sus blasfemias desdentadas

por pérfidas gargantas cercenadas
que hieden al estiércol insufrible
que no produce más que espasmo y odio;
que el tránsito voraz de mi impaciencia,
la rata que me roe desde dentro

haciéndome sentir tan inseguro
cayendo intensamente hacia la nada;

que el pálpito mezquino que me asalta,

la baba miserable de la envidia;

y tantas otras manchas infecciosas
que atacan la lisura de mi alma
y alejan mi mirada de Tu rostro
son sólo la agria cruz que he de cargar
siguiéndoTe aun de lejos por decirTe

que creo en Ti, Señor. Yo siempre creo. 77. Guillermo Arróniz. Mi fe desnuda. Ed. Flores Raras. Madrid, 2019.

Guillermo Arróniz

En la misma línea que los versos anteriores, el sujeto lírico vuelve a confesar sus defectos, como un acto de humildad, pero el lenguaje no es tan severo; el diálogo con Dios se suaviza y se convierte en una catarsis purificadora:

Tú sabes cómo soy, porque me hicisTe,
y porque estás en todas partes, siempre;
Tú sabes mis pequeñas mezquindades,
que suben con los gases de la ira
y ocupan como un humo irrespirable
los vasos de mi alma pecadora.
Tú sabes que la hiedra vanidosa
se nutre de las ramas de mi espíritu …
carcome con placer y con estruendo
y bebe de la savia elemental.
Tú sabes a quien amo suavemente,
de quien mirar el sueño me enternece.
Tú sabes que hay deseo natural

en este cuerpo viejo y enfermizo;
que la belleza física me atrapa
con dientes de una trampa placentera:
veneno dulce, sierpe despiadada
que hunde sus colmillos mientras ríe.
Tú sabes cuán cobarde llego a ser,
oculto entre mentiras y placeres,
huyendo del dolor a toda hora.8 8. Guillermo Arróniz. Mi fe desnuda. Ed. Flores Raras. Madrid, 2019.


Guillermo Arróniz

En este texto seleccionado a continuación se dan dos características reiteradas en toda la obra: el diálogo con Dios y la reflexión personal, que aparecen aquí envueltos en forma de bella metáfora. José Luis Camacho en su artículo «Poesía mística» afirma que la labor poética comparte con la mística la dificultad de expresión, la búsqueda constante de imágenes 99. José Luis Camacho Gazca «Poesía mística». En https://circulodepoesia.com .En este caso, Dios y el Universo son una laguna y caminar sobre sus aguas se convierte en un acto de fe; hundirse en ellas es la dulce muerte, la vía de acceso hacia Él:

Laguna de quietud, Señor, pareces…
mas es profunda, larga e insondable,
el lago que contiene el universo,
el todo convertido en dúctil líquido.
Y asusta no saber andar las aguas
y hundirse para siempre y sin embargo …
¿acaso no es hundirse en Ti la vida  
auténtica? Hundirse siempre en Ti,
dejar el mundo atrás y sus mentiras
cubiertas de sus máscaras de lujo,
vacías como fruto sin semilla. 1010. Guillermo Arróniz. Mi fe desnuda. Ed. Flores Raras. Madrid, 2019.

Guillermo Arróniz

A pesar del tiempo transcurrido, la poesía religiosa sigue siendo un elemento recurrente en muchos de los escritores actuales. ¿Quién no está influido culturalmente –sea poeta o no– por cosmovisiones, textos sagrados, rituales, costumbres religiosas, éticas o creencias espirituales? Incluso el grupo de personas no religiosas y ateas tienen nociones opuestas o proyecciones mentales que rondan alrededor de la idea de Dios, aunque la nieguen o la ignoren o crean en su incapacidad para comprenderla.

Desde el Siglo de Oro de nuestras letras hispanas, momento culmen de la lírica mística, hasta ahora, han pasado muchos años de creación literaria de máxima espiritualidad, con sucesión de acontecimientos favorables y adversos; pero que, en pleno siglo XXI siga existiendo la poesía mística, significa que continúa viva la llama de los poetas que son capaces de expresar determinadas experiencias y sentimientos solo permitidos a los seres humanos en determinados momentos.

Y el espíritu sigue vivo… Y lo dice un agnóstico…


© José Luís Pérez Fuente
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