Disquisiciones umbilicales

Dígame sus coordenadas en tiempo y espacio.

Ubicación, fecha de nacimiento, marca de nacimiento, lunares.

¿Cómo es su marca de nacimiento? Nos referimos específicamente

A su ombligo, discreto, hundido, o un botón protuberante expuesto en relieve.

Ese es el recuerdo grabado de su pasado acuático, su cicatriz maternal sumada a otras heridas que solo usted conoce…

¿Cómo se siente respecto a esas marcas únicas, junto a sus huellas digitales, distinguibles algunas, otras percibidas por unos pocos en su intimidad familiar, o en el deseo de ser uno en dos…

¿Cómo se siente respecto a ese ancho por largo, o corto por estrecho,

masa, peso, volumen, forma, tamaño, voz, tono de piel?

¿Sabe acaso la hora exacta en que trascendió a esta dimensión física?

¿Se lo contó su madre, su abuela?

¿Alguna tía clarividente acaso le ha leído la palma de su mano, cómo son esas líneas?

¿Hacia dónde le conducen? Que usted recuerde; ¿coinciden esas lecturas en lo que lleva de viaje por estos caminos andados o deambulados?

¿Qué  dice su  carta astral, su ascendente, todo un reto, no?

Incluso para poetas fascinados por ombligos, estrías, arrugas y cicatrices…

¿O prefiere la certidumbre de la ciencia calculadora empírica?

¿O ya le han habituado a leer su sino finito y lineal en una fe con fechas definidas en calendarios de progreso guiado por la lógica racional, basada en el dogma neutralizador a todo asombro apócrifo?

¡Cuán bello y poético; todo remite a proceder de lo alto!

Las estrellas, lo galáctico, el insondable misterio de la identidad en continuo, caótico y bello reperpero. 

Dígame acá entre nos, si acaso recuerda alguna vez ha sentido ser otro, otra quien le haya devuelto la mirada ante el espejo, como si le traspasara su propia alma, como si en fracciones de segundos, cayera por un abismo etéreo.  

O sin llegar tan lejos cuándo fue la primera vez que tomó conciencia de su propia singularidad, resumida en su rostro único, su cuerpo ocupando la materialidad terrestre en esta silla, en aquel pasillo, en aquella cama y se preguntara qué hubiera sido de mi si no hubiera nacido, qué sería de mí.

¿Sería necesario tener materialidad para tener consciencia, o sería la consciencia pura, inmanente a todo y nada simultáneamente?

¿Cuándo fue la primera vez en que como gato vio su reflejo en ese lago de vidrio; portal al mundo inmaterial de las almas que son los espejos?


© Texto: José G. Santos Vega
© Imagen: Encima de la niebla