E-Learning en la enseñanza de la pintura al óleo

Dans la postmodernité, un monde archaïque subsiste
en dépit de l’invasion continue des technologies.

(De « La fragilité du lendemain», Héctor Villarroel, Bruselas, 2012)

En tiempos de crisis las megaestructuras quedan desnudas, en este sentido, la pandemia que desafortunadamente vivimos ha puesto en jaque todo lo que en Occidente se consideraba en apariencia como estable, permanente o seguro.

En este dantesco escenario internet se ha vuelto el medio de comunicación por excelencia, parte esencial de nuestro cotidiano, asimilado por la población sin mayor o incluso nulo cuestionamiento, transformándose a su vez en un sistema de control solo imaginable en un escenario «orwelliano». Somos testigos acaso de un nuevo orden establecido desde hace tiempo, el Big Data. 1

Las medidas de prevención social se multiplican imperiosamente, y desarrollamos universos virtuales en nuestros confinamientos, desde el teletrabajo, educación, relaciones sociales y esparcimiento. En este contexto, y en lo que compete a mi dominio como pintor, vemos que se proponen intempestivamente cursos de pintura al óleo por medio del sistema e-learning, educación a distancia tan en boga y, ante esta contingencia, único medio posible de enseñanza.

Desde su génesis en el aprendizaje de la pintura al óleo, tanto maestros como aspirantes a pintores se han vinculado por medio de la práctica in situ, la cual permite al mentor captar los fenómenos no solo materiales del ejercicio pictórico, sino también vinculados a las emociones, la forma de percibir y asimilar un lenguaje sugestivo y personal como es interpretar por medio de los materiales propios de la pintura lo que se desea expresar. Queda por tanto preguntarnos ¿es posible por un medio virtual transmitir una aproximación efectiva a los matices inherentes a la acción pictórica y cómo esta repercute en el estudiante de pintura?, ¿podemos acceder a una experiencia más genuina de un curso de pintura al óleo a través de una clase online?, ¿tenemos los elementos para buscar un equilibrio en este nuevo paradigma como es la docencia a distancia?

En el sistema e-learning, el estudiante de pintura accederá al lienzo por medio de la repetición a través de unos protocolos dictados por un curso en línea, y el profesor solo podrá llegar a una evaluación sin vislumbrar el proceso en sí, es decir el aspecto más relevante a la experiencia de la creación, por ende, el maestro solo será testigo de un resultado plástico por medio de una observación relativa y supuesta del objeto estético. ¿Se puede captar por medio de una pantalla la susceptibilidad o penetrar la atmósfera visual que contiene el ejercicio en sí?, ¿sobre qué base afectiva podemos establecer estos nuevos tipos de relaciones virtuales de educación en un tema tan sensible como es el arte? Tenemos como espectadores, la posibilidad de acceder a imponentes galas visuales presenciando recreaciones en 3D de obras de Van Gogh, Monet, etc. Nos asombramos al poder «entrar» en La Nuit étoilée, obra capital del maestro holandés, aunque, ¿qué es lo que realmente vemos? Podemos aventurarnos a decir que somos parte activa de una experiencia estética, no obstante, ¿nos es posible captar la materialidad de la obra en su esencia?, ¿no es acaso esta mise en scène más bien una expresión más de una repetición perpetua y comercial de lo que Benjamin definió como la pérdida del «aura» en su obra The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction?

La contemplación de una obra de arte es una práctica subjetiva, los recursos inherentes de la pintura como son entre otras luces, veladuras, sombras, materia, aguadas, opacidades, todos elementos que implican la densidad y transparencia de la obra, nos acercan a lo que denominamos en pintura, lo «espiritual» de la creación. En el acto de pintar cada momento cuenta, desde una praxis meramente técnica, como los recursos a los que se pueda acceder para conseguir los efectos que se desean, desde la inmediatez al tempo de reposo de la observación de la obra. Los llamados «accidentes» se hacen conscientes una vez que podemos tomar distancia de la obra y, la observación/tiempo que implica cada sesión. En este marco se encuentra el vínculo emocional del maestro, quien solo por medio de una relación directa con el discípulo, podrá captar en su magnitud el tinte más personal de la obra al cual debiera acceder el aspirante a pintor.

Una tentativa de respuesta ante la avalancha tecnológica de la cual es prácticamente imposible sustraernos es, asimilar estos nuevos recursos técnicos sólo como medios, de forma tal que estos actúen como posibles guías, ciertas directrices introductorias al acto de pintar. Si bien la acción de crear es un acto solitario, en el proceso del aprendizaje solo el contacto presencial permite una conexión más auténtica. Más allá de esto, nos competería buscar un posible equilibrio frente a este tsumani técnico que no se detiene y nos obliga a dilucidar lo que identificamos como un nuevo sistema de educación en red, y a su vez la revalidación de la enseñanza presencial. Un equilibro aparentemente precario ante una transformación que parece no tener retorno.

1.Ver, Han, Byung-Chul (2015) The Burnout Society. Stanford UP            


©Héctor Villarroel, Stormy Night 1, 2019, óleo sobre lienzo, 81 x 130 cm.
© Héctor Villarroel, Stormy Night 1, 2019, óleo sobre lienzo, 81 x 130 cm.

©Héctor Villarroel, Port, 2014, detalle, óleo sobre lienzo, 81 x 100 cm, colección privada Hannover
© Héctor Villarroel, Port, 2014, detalle, óleo sobre lienzo, 81 x 100 cm, colección privada Hannover

©Héctor Villarroel, Port, detalle
© Héctor Villarroel, Port, detalle

©Héctor Villarroel, Stormy day 2, 2017, óleo sobre lienzo, 97 x 162 cm, colección privada Tenerife
© Héctor Villarroel, Stormy day 2, 2017, óleo sobre lienzo, 97 x 162 cm, colección privada Tenerife

Imágenes y texto © Héctor Villarroel