El ancestro nunca se va a enterar

Con el asunto del árbol genealógico y las constelaciones familiares ahora resulta que nos venimos a enterar de cosas que los ancestros nunca se enteraron, ni de sus propios ancestros ni de nosotros los descendientes. ¡Barbaridad! Corremos con ventaja.

Pues en la familia apareció el dato de Mose Isidori Borsani, que hace unos siglos atrás se destacó como violinista y director de orquesta, y todo, absolutamente todo, se aclaró en un santiamén.

Porque el abuelo – que ya forma parte del equipo de los ancestros- siempre decía que hubiera querido ser director de orquesta. ¡Ahí entendimos todo! Y también pudimos entender la pretensión de hacer estudiar violín al tío Jorge cuando niño, que hoy a sus ochenta y tantos años aclara que su estudio musical no perduró en el tiempo por una pelea entre hermanos.

Mose Isidori estaría bastante molesto si se enterara que en un intercambio de insultos muy cosa de hermanos, el tío le partió el violín en la cabeza a mi padre, quedando el instrumento en el sótano sin chance de reparación. Y el tío sin carrera musical. Y lo más raro, aparte de la dureza del cráneo de mi padre, es que no le contaron nada al abuelo, que tampoco preguntó demasiado por el violín, ni por las clases del tío. Todo muy raro pero cierto, porque los dos hermanos siempre contaron lo mismo, por separado y sin contradicciones.

Historias así de sus descendientes, al ancestro le hubieran dolido en el alma. Como a nosotros…

Porque los propios protagonistas, no solo contaban la anécdota sino además nos hicieron saber, ya cuando no quedaba rastro del instrumento abandonado en aquel sótano, que el violín era un Stradivarius, como para agudizar la pena de lo que no pudo ser.


© Texto:  Lucía Borsani
© Imagen: Encima de la niebla