El café de la rima ondulante

El café de la rima ondulante se reveló como
una remozadora vuelta de tuerca al género chico.


Tuve noticia acerca de la novísima zarzuela El café de la rima ondulante a través de la docente, musicóloga, empresaria cultural, soprano y (por qué no decirlo) amiga Sara Viñas (Carmencita en la obra), quien me enteró de que se había embarcado en el sugestivo proyecto de una zarzuela de nueva creación, la cual preservaba las esencias y elementos estructurales del género chico, si bien con el añadido de otros propios de la hora actual así como una serie de audacias que convertirían a tan novedosa obra en un fenómeno a tener en cuenta.

Vista la representación, pude comprobar cómo mi apreciada soprano, como viene siendo habitual, me había obsequiado un anticipo muy acorde con lo que allí hallé (valga el juego sonoro), pues, no en vano, tan sonoro espectáculo presenta un prurito en jugar con el lenguaje al ritmo de un fondo musical de enjundia obrado ad hoc por el insigne compositor Manuel Valencia.

zarzuela El café de la rima ondulante

Lo que el autor de este libreto (Fernán de Valder) alude como “rima ondulante”, en puridad, yo diría que es rima abrazada, pues los versos contemplan simétricamente sus respectivas rimas como quien mira su imagen en la limpidez de un estanque de aguas calmas y prístinas. Además, todo se abraza en esta representación: lo cómico con lo dramático, lo musical con lo literario, los solos con lo coral. Y, al igual que las rimas versales del principio se abrazan en pos de la armonía poética, contemplándose en lo que el letrista estima ondulación, el propio espectáculo mira a la propia escenificación en una lógica metafictiva.

En El café de la rima ondulante un nutrido elenco rezuma la teatralidad que todo lo envuelve imponiendo al conjunto una honda impronta de harta comicidad, en un perfectamente bien atrezado y conformado contexto escénico en el que se respira una perfecta atmósfera de época (los veinte del veinte).

Lo que el autor de este libreto (Fernán de Valder) alude como “rima ondulante”, en puridad, yo diría que es rima abrazada, pues los versos contemplan simétricamente sus respectivas rimas como quien mira su imagen en la limpidez de un estanque de aguas calmas y prístinas. Además, todo se abraza en esta representación: lo cómico con lo dramático, lo musical con lo literario, los solos con lo coral. Y, al igual que las rimas versales del principio se abrazan en pos de la armonía poética, contemplándose en lo que el letrista estima ondulación, el propio espectáculo mira a la propia escenificación en una lógica metafictiva. En El café de la rima ondulante un nutrido elenco rezuma la teatralidad que todo lo envuelve imponiendo al conjunto una honda impronta de harta comicidad, en un perfectamente bien atrezado y conformado contexto escénico en el que se respira una perfecta atmósfera de época (los veinte del veinte).

Porta la obra un considerable influjo sainetesco que, por momentos, raya con el astracán, sobre todo en los pasajes en que interviene el apócrifo chino (José Tejado), al que la gaitera Patricia (Laura Pulido) pregunta si es difícil aprender su idioma y él le responde: “Ta chu pao”.

Los medios técnicos puestos en liza también suman en tal sentido al contribuir al otorgamiento, alalimón, de esencialidad y desenfado. Personajes como el cantaor Berenjeno de la Vainilla (Fernán de Valder) o el chino, verbigracia, coadyuvan a la conformación, por momentos, de una apoteosis del más encandilador histrionismo, a caballo este entre lo castizo y lo vanguardista. Y de fondo un fondo (valga la redundancia) coral prestísimo a embriagar la atmósfera toda de honda verosimilitud, para que un compendio de virtuosismo musical y afinada comicidad textual escenificable emparenten felizmente entre sí y con los tan pulidamente empastados pasajes corales.

zarzuela El café de la rima ondulante

Cabe añadir, siquiera sucintamente, el hecho de cómo en una obra en la que tanto lo musical como lo literario han sido objeto de tan denodada y minuciosa elaboración ambos orbes no queden irreconciliados merced a sus respectivos fustes, mas se puede suponer e intuir un no menos sagaz esfuerzo de integración, pues la música se torna elocuencia lingüística y verbal y lo literario-oralizado se funde melodiosamente con lo musical. Ahí radicaría, precisamente, la grandeza de esta obra: en el esfuerzo poético por trasladar una trama, a la vez costumbrista y de vanguardia, logrando que se revele eficaz en el constante golpe humorístico sin perder un ápice de eufonía. Sin duda hay mucho andamiaje poético ante el cual cabría conjeturar que exhorta a un exigente esfuerzo actoral, así como musical, pues una literatura subrepticiamente intrincada todo lo sostiene, mudando, incluso, por momentos, rapsodas a los actores en los pasajes no específicamente cantados.

En el espectacular universo aquí referido, no ha de resultar desatinado presumir que se ha ahormado el espacio escénico para que concurra a sus anchas lo delirante, pues lo cursi y lo costumbrista estallan en un pastiche que acaba deviniendo en puro jolgorio para deleite del respetable, como quedó demostrado en el estreno que tuvo lugar en el Auditorio Paco de Lucía de Alcobendas.

zarzuela El café de la rima ondulante

■  Elenco de la obra  ■

Ángel Marañón (Don Hilario), Sara Viñas (Carmencita), Carlos Jiménez (Honorio) José Tejado (El Chino), Fernán de Valder (Berenjeno de la Vainilla), Álvaro Siddharta (Fabián), Mabel González (Doña Pulcra), Laura Pulido (Patricia) y Karmelo Peña (Monsieur Patateur). Dentro del coro, dirigido por Celia Laguna, destacan a modo de cotorras humanas, Carmen G. Montano (una señora de Valladolid) y Nacho Muñoz (un señor de El Escorial). 


■  Argumento de la obra  ■

La trama se ambienta en los años veinte del siglo XX en un viejo café que regentan un hombre de edad provecta (Don Hilario) y su hija (Carmencita). Ambos son arrendatarios de una casera muy malhumorada (Doña Pulcra, a la que deben las rentas de varios meses). De manera providencialista, los hosteleros confían en salvar su negocio reconvirtiéndolo en café-teatro, para lo que organizan un casting en aras de atraer y seleccionar a artistas noveles que contribuyan a traer público a su local. Pero el día de las pruebas se les presentan unos personajes de lo más variopintos los cuales harán suscitar los más surrealistas lances.


■  Ficha técnico- artística  ■

Libreto, producción y dirección artística: Fernán de Valder.
Composición y dirección musical: Manuel Valencia.
Coro Taller de Zarzuela. Dirección: Celia Laguna.
Dirección escénica: Mabel González.
Espacio escénico: Mateos S.L.
Vestuario: Vestuario París.
Iluminación: Jesús Ortega.
Proyecciones: Ángel Ardisana.
Diseño gráfico: ISUS.
Producción ejecutiva: Ángel Walter.
Gerencia: AEMA


© Texto: Diego Vadillo López

© Fotografías: Aisha Artist

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