El camino de la amistad dorada

Van pasando los días con sus alas moradas y vamos dejando sonrisas en el amarillo del tiempo, en estos días temblorosamente inciertos en que todavía no comprendemos el mundo.

Pero si sabemos que un amigo cura, que deshace soledades y colorea sombras y que, quizás, sea ése el camino. No para caminar, no; un camino distinto, de los que no se andan, un camino hacia el alma.

Un viento amigo de abrazos aéreos, los labios haciendo guardia de besos, una sonrisa de hiedra que se enreda en las miradas y la presencia del amigo, hecho ya ángel de la guarda.

Van pasando los días con sus alas moradas y vamos dejando sonrisas en el amarillo del tiempo, el aire se ríe mientras se amigan nuestras manos. A los lejos, un crisantemo juega a ser sol en el viento.

¡Qué dulce es la vida, aunque todo sea tan incierto!


Dos japoneses cruzando una calle en Tokio

Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano