El Don de la bilocación

Todavía no se percataba de su nueva realidad, como siempre era de los primeros en estacionarse, luego de saludar en el portón principal a Don Matías, el guardia de seguridad, y saludar posteriormente al conserje Riverita, en ese orden por más de cuarenta años. Todos los días Riverita, el conserje, se preguntaba para sus adentros, de donde salían tantas plumas blancas, si los árboles apenas daban sombra. El paso de aquel huracán hace unos años fue inclemente con aquella isla que recién aún, abostezaba de tal evento. En el Templo Zuiho-in en Kyoto, Japón los monjes no daban a basto para barrer los crisantemos blancos al despuntar el alba. En el Tíbet, fueron convocados al Potala con carácter urgente, todos los Lamas de los distintos monasterios para dilucidar el asunto inusual de la llegada aquella mañana de aquel profesor de teología dogmática.

© José G. Santos Vega
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