El juicio contra Marie Lafarge

Marie Capelle nació́ en 1816, en el seno de una familia acomodada de París. Gozó de una educación exquisita. Marie estudió en uno de los primeros centros de enseñanza femenina en París. Cuando contaba con 23 años, se puso en contacto con una agencia matrimonial, quien le hizo las gestiones para conocer a Charles Lafarge, un maestro de forja de una pequeña ciudad francesa.

Cuando Marie Capelle conoció a su futuro esposo no le causó una buena impresión. Más tarde, rememorando aquel encuentro, lo describiría como un hombre con «rostro bastante feo, una apariencia y unas maneras muy salvajes». Pero su familia le presionó para que aceptara casarse con Charles, hasta que Marie consintió en hacerlo. Pero ya en su viaje a su nuevo hogar tuvieron varias disputas en la que hubo, incluso, un intento de violación por parte del marido.


El hogar matrimonial

Finalmente, llegaron a su nueva casa que era conocido como le Glandier, un hogar que distaba mucho de lo que Marie hubiera deseado. Según dejó en escrito en una carta dirigida a su tía, la casa Glandier, una antigua abadía cartuja desamortizada adquirida por el padre de Charles en 1817, era “una casa sucia, desierta, con un frio atroz, sin muebles, sin puertas ni ventanas que cierren».

Pero no solo se trataba de que su destartalado nuevo hogar distara mucho de tener las comodidades a las que ella estaba acostumbrada sino, también, que el ambiente social era radicalmente distinto al que Marie estaba acostumbrada en París.

A la familia Lafarge y al propio Charles les molestaba que Marie montase a caballo, que tocase el piano o que leyera poesía romántica frente a sus invitados.

Este distanciamiento fue creciendo hasta llegar a una situación tan tensa que Marie llegó a sufrir ataques nerviosos.  A pesar de todo, Marie se esforzó por adaptarse a su nueva situación, cosa que llegó a conseguir, relativamente. Renovó la casa y ayudó a su marido a conseguir un préstamo, mediando con sus conocidos parisinos.


El supuesto envenenamiento

Quizá todo fuera una ilusión, porque cuando en diciembre de 1839, Charles se encontraba en París ultimando unos negocios, recibió́ un paquete que le envió su mujer y que contenía unos pasteles. Tras comerse uno de ellos, esa misma noche se sintió́ indispuesto. Decidió regresar a su casa, pero su situación empeoró pues tenía vómitos cada vez más continuados, unidos a unos fuerte dolores de estómago. Nada se pudo hacer por los médicos que le asistían, pues el 14 de enero de 1840, Charles murió.

Las sospechas de que Marie había envenenado a su marido, surgieron el mismo día. Afirmación que ganó consistencia cuando se comprobó que había comprado arsénico en una tienda. Eso llevó a los familiares de Charles a denunciarla ante las autoridades.

sospechas de que Marie había envenenado a su marido
El juicio

El juez instructor de Tulle, encargado del caso, realizó una exhaustiva investigación, interrogando a todos los familiares, registrando la casa, especialmente la habitación de Marie y mandó hacer la autopsia al cadáver. Asimismo, ordenó analizar todos los frascos que había en la casa del matrimonio. Fruto de esas pruebas y de toda la información que recopiló en testimonios, cartas, facturas y otros documentos, el juez instructor tomó la decisión de ordenar el arresto de Marie.

Las pruebas más consideradas fueron las del análisis toxicológico, que determinaron que fuera la primera persona condenada basándose en la toxicología forense.

El juicio oral se inició el 3 de septiembre de 1840 en Tulle. Fue seguido, desde el principio, con una gran expectación. Tal y como declaró la prensa: «una multitud compacta esperaba con impaciencia la apertura del santuario de la justicia».

El juicio se desarrolló con muchos incidentes. Los peritos declararon que, al ir a realizar los análisis químicos, un accidente provocó la ruptura de un tubo, por lo que no pudieron confirmar la presencia del toxico. A pesar de todo, confirmaron que Charles Lafarge había muerto envenenado con arsénico. El toxicólogo que realizó las pruebas era Mateu Orfila que era considerado como la máxima autoridad de la toxicología en Francia. Según Mateu Orfila los restos encontrados en el cuerpo del finado eran tales «que no viene de esa porción de arsénico que naturalmente existe en el cuerpo humano».

El abogado defensor, Alphonse Paillet, puso de manifiesto esas y otras incertidumbres y reclamó un nuevo informe pericial.

La petición fue aceptada por el tribunal y se realizó una nueva peritación. La conclusión de los técnicos fue la de que no se observaban restos de arsénico en las muestras.

Ante la incertidumbre creada por la disparidad de los resultados entre la primera prueba pericial y la segunda, el tribunal ordenó una tercera prueba. Fue indispensable exhumar el cadáver de Charles Lafarge dado que ya no quedaban muestras disponibles. El examen, que se realizó por los dos grupos de peritos conjuntamente, fue de resultado negativo.

El juicio de Marie
Tras la sentencia

Marie Lafarge también tenía partidarios que no aceptaban su culpabilidad. Éstos presionaron para conseguir un indulto del gobierno, pero no obtuvieron resultados positivos. Más tarde, Marie cayó enferma de tuberculosis. Fue, entonces, cuando se decidió indultarla, entrado ya junio de 1852. Sin embargo, Marie solo pudo disfrutar unos meses de su libertad pues murió en un balneario del sur de Francia donde se había trasladado con la intención de recobrar su salud.

El caso Lafarge obsesionó a la alta sociedad parisina hasta tal punto que inspiró a Gustave Flaubert a escribir su famosa obra Madame Bovary. Y todavía hoy no ha sido olvidado pese al tiempo transcurrido, pues aún existe una sociedad de amigos de Marie Lafarge que se dedica a la reclamación de una revisión del juicio en su totalidad.

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