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El juicio de Sacco y Vanzetti


Un barco hacia la libertad

Avanzaba 1908 cuando Nicola Sacco, un zapatero nacido en Torremaggiore, de diecisiete años, emigró a los Estados Unidos. También fue el año en que Bartolomeo Vanzetti, un pescador nacido en Villafalletto, de veinte años de edad llegó a la tierra prometida. Los dos jóvenes tenían mucho en común; sobre todo, su ideología anarquista, que les llevaría a trabar una gran amistad con el tiempo y a compartir un destino que, en esos momentos, no podían imaginarse.


Los hechos

Habían pasado ya doce años desde su llegada a los Estados Unidos. Los dos amigos, aunque activistas, nunca fueron acusados ni fichados por la policía. Sus acciones se reducían a la agitación política en contra del capitalismo. Sin embargo, aquella tarde del 15 de abril de 1920, sucedió un hecho en Pearl Street en South Braintree, Massachusetts, que marcaría su futuro de forma fulminante, aunque ellos no fueron los protagonistas y ni siquiera sabían nada del mismo cuando ocurrió. Aquel día, frente a una fábrica de calzados, un hombre de negocios y un guardia, que portaban más de 15.000 dólares para el pago de salarios, fueron asesinados a tiros y despojados del dinero que llevaban.

Fue un suceso que la prensa agitó hasta la saciedad. Tanto que la noticia llegó hasta la Cámara Legislativa del Estado, que votó una recompensa de 25.000 dólares por presentar al culpable de aquel horrendo crimen. En el mismo sentido actuaron algunas empresas privadas, que ofrecieron importantes recompensas por la misma razón.


La detención

Unos días más tarde, en Brockton, el 5 de mayo, un policía que iba tras el rastro de un individuo, se chocó casualmente con Sacco y Vanzetti y, al parecerles sospechosos, los arrestó. Inmediatamente los llevó a la jefatura para su interrogatorio acerca de sus actividades políticas, pero no se les pudo acusar de ningún delito. A pesar de eso, la prensa divulgó el hecho de la detención de dos anarquistas.

Los dos compañeros comprendieron de inmediato que estaban condenados de antemano solo por ser anarquistas, así que decidieron, dando por hecho que iban a ser condenados, jugar un papel activo en la propagación de sus ideales, pues vieron la oportunidad de una repercusión mediática importante. Lo que no sabían eran las graves acusaciones de que serían objeto.

Encarcelamiento

Se enteraron más tarde, cuando se les formularon los cargos: Fueron acusados de asesinar a Frederick Parmenter, un encargado de la nómina gubernamental y Alessandro Berardelli, un vigilante de seguridad. Además, se les imputo el robo de 15.776,51 dólares de la Slater-Morrill Show Company.


El juicio, una farsa de principio a fin

El proceso fue presidido por el Juez Webster Thayer. Aunque no consta en acta, se piensa que el juez le dijo al jurado, refiriéndose a Vanzetti: «Este hombre, aunque no haya en realidad cometido ninguno de los crímenes que se le atribuyen, es sin duda culpable, porque es un enemigo de nuestras instituciones».

El Juez Webster Thayer
El Juez Webster Thayer

El juicio resultó muy controvertido y enseguida acaparó la atención internacional. Se criticó la actuación, tanto del juez como del fiscal, y de las consecuencias del proceso para los dos acusados, pues se les condenó a muerte, en un juicio de solo unas pocas horas, en el que el jurado se vio condicionado con juicios y sentimientos anti italianos, anti inmigrantes y anti anarquistas, predisponiendo su veredicto.

En realidad, fue la puesta en marcha de un despliegue represor contra los ideales anarquistas, defendidos por Sacco y Vanzetti hasta el final.

Una parte importante del juicio se basó en pruebas materiales: pistolas, balas y una gorra que llevaba Sacco en el momento del crimen. Pero no fue posible probar nada: la balística no pudo demostrar los hechos y la gorra le quedaba demasiado chica a Sacco. Ni siquiera se pudo probar que los dos acusados se hallaban en la ciudad donde se produjeron los hechos.

En 1926 llegó a ser una auténtica polémica internacional y, un año después, las protestas masivas ya habían ocurrido en Nueva York, Londres, Ámsterdam y Tokio, así como huelgas a través de Sudamérica y disturbios en París, Ginebra, Alemania y Johannesburgo. Debido a esta inmensa polémica y a una recepción masiva de telegramas pidiendo el perdón a Sacco y Vanzetti, el gobernador de Massachusetts, Alvan T. Fuller, integró una comisión que a partir de junio de 1927 investigó el caso. Sin embargo, confirmó el veredicto, sentenciándolos a la pena de muerte en la silla eléctrica.

En los siguientes seis años, se sucedieron las apelaciones, los testigos de la defensa que se retractaron y, también, detestables manifestaciones de furiosa discriminación. El juez Thayer llegó a gritar, encolerizado: ¡En este país ningún anarquista de pelo largo tendrá derecho a reclamar ante la Corte Suprema!

Mientras, Sacco y Vanzetti persistían en declararse inocentes. No tenían antecedentes penales. Profesar el anarquismo sin cometer delito alguno no estaba penado, o no debería estarlo.

El 19 de abril de 1927, cuatro meses antes de su ejecución, Vanzetti dijo: No le desearía a un perro o a una serpiente, a la criatura más baja y desafortunada de la tierra, a ninguno de ellos, lo que he sufrido por cosas de las que no soy culpable. Estoy sufriendo porque soy un radical, y sí soy un radical. He sufrido porque soy italiano, y sí soy italiano. Si pudieran ejecutarme dos veces, y si pudiera renacer dos veces, viviría de nuevo todo lo que he vivido.


La ejecución

El 9 de agosto de 1927 en Chicago la huelga general es seguida por 16.000 obreros. En Nueva York, por 150 mil personas, según la policía. En Montevideo, Uruguay la huelga de 24 horas fue multitudinaria, al igual que en Asunción, Paraguay. En Argentina también, miles de trabajadores fueron reprimidos por manifestarse, pidiendo justicia para Sacco y Vanzetti.

Y la sentencia de muerte se ejecutó el 23 de agosto de 1927.

Ben Shahn. La pasión de Sacco y Vanzetti. 1931–1932
Ben Shahn. La pasión de Sacco y Vanzetti 1931-1932

El sacerdote se dirigió a ellos para darles el consuelo final, pero ambos, Sacco y Vanzetti, se negaron a recibirle, de acuerdo con su ideología. Sorprendió a muchos la actitud de los dos, tranquila y orgullosa, dirigiéndose a la muerte son serenidad.

Segundos antes de morir, Sacco mirando hacia arriba gritó con todas sus fuerzas: “¡Viva la anarquía! y Adiós, mia madre.”

Vanzetti, en sus últimos momentos, les adelantó la mano amablemente a los guardias y mientras les daba un apretón de manos les dio las gracias por su amable trato. Luego leyó una declaración proclamando su inocencia y finalmente dijo «Deseo perdonar a algunas personas por lo que me están haciendo ahora a mí».

En el funeral, calle Hanover, una corona anunció: Aspettando l´ora di vendetta («Esperando la hora de la venganza»).


Repercusiones mundiales, las protestas se propagan por el mundo entero
Manifestaciones

La ejecución provocó muchos disturbios en todo el mundo; sobre todo, en Europa. La Embajada de los Estados Unidos en París fue rodeada por manifestantes. Explotaron bombas en el metro de Nueva York, en una iglesia de Filadelfia y en la casa del alcalde de Baltimore. Uno de los jurados perdió su casa por una bomba nocturna. Al año, otra bomba explotó en el hogar del ejecutor Robert Elliot, el hombre que bajó la palanca. En 1932, hubo un intento de asesinato contra el juez Thayer. Después del atentado, Thayer vivió permanentemente en su club en Boston, protegido las 24 horas del día hasta su muerte, que vino a ocurrir el 18 de abril de 1933, a causa de una embolia cerebral, cuando contaba con 75 años. Más tarde, en 1925, Madeiros dijo haber cometido el crimen del cual Sacco era acusado.

Apoyo de Einstein a los acusados

Muchos historiadores, especialmente los dedicados a la historia del derecho, han opinado que la persecución y juicio de Sacco y Vanzetti, constituyeron un auténtico desprecio por las libertades civiles y políticas. El proceso, cuajado de irregularidades partidistas, puso de manifiesto la política norteamericana para acabar con las voces opositoras. Se trataba de dar un golpe a los anarquistas. Solo hay que recordar que el juez Thayer describió a los dos acusados como bastardos anarquistas. En ese contexto, poco importaba implicar a unos hombres en un crimen que nunca cometieron.

© Redacción de Encima de la niebla

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