El misterio del IIII

Los diseños en relojería han sido sumamente variados. A través de los años, de la historia, se han producido toda clase de formas, algunas de las cuales han alcanzado una belleza extraordinaria, elevando a la relojería a la categoría indiscutible de arte.

Pero no es ese el propósito de las líneas que siguen. Más allá de su belleza estética o de la calidad técnica de las piezas, hay un aspecto singular que, bien mirado, pudiera ser un misterio, si consideramos como tal lo que no se puede explicar de una forma clara y contundente y que permanece, por tanto, en la sombra de la duda o, al menos, a la espera de una explicación racional y certera que lo explique.


Reloj del palacio de Versalles en Paris, Francia
Reloj del Palacio de Versalles de París

Los maestros relojeros han usado, y siguen haciéndolo, múltiples formas de señalar las horas en los relojes. Una de las más tradicionales es la utilización de la numeración romana. Y este es el ámbito del misterio que nos ocupa. Como es bien sabido por todos, el 4 en la numeración romana corresponde con la grafía IV. Sin embargo, en la relojería, es tradición poner IIII, en su lugar. Tanto es así, y tan extendida está dicha práctica, que cuando se rotula un reloj con la grafía IV, puede considerarse que se aleja de la tradición relojera. Dicho de otra forma, escribirlo correctamente se considera una anomalía, pues la costumbre marca que las 4 deban señalarse como IIII.

Pero, a pesar de que la mayoría de los relojes mantienen la grafía IIII, no obsta para que haya otros en los que aparece el IV, distanciándose de la tradición relojera. Algunos de ellos, de gran importancia como ocurre, entre otros, con el Reloj del Big Ben de Londres, el de la Equitativa de Madrid o el del Kremlin de Moscú.


Big Ben en Londres, Reino Unido
Reloj del Big Ben de Londres
Reloj del Kremlin en Moscú, Rusia
Reloj del Kremlin de Moscú

Las explicaciones

Para explicar esta extraña y misteriosa costumbre, convertida ya desde hace mucho tiempo en tradición, se barajan varias hipótesis que pretenden dar explicación al misterio. Razones relacionadas con la monarquía, con supersticiones o, simplemente, por razones estrictamente estéticas.

Razones monárquicas

Corría el año 1370, cuando el relojero Henry de Vick recibió el encargo de Carlos V de fabricar un reloj para ubicarlo en la torre del Palacio Real de Francia. Una vez terminado, el rey acudió a examinar el trabajo del relojero. Al cabo de unos segundos, Carlos V observó que el maestro artesano había representado el 4 como IV. El relojero le contestó que era así como se escribía de forma correcta, a lo que el rey, visiblemente molesto, le contestó: “El Rey nunca se equivoca”. Así que se colocó el IIII sobre el 4.

Otra de las razones esgrimidas para explicar el misterio tiene relación con un relojero suizo. Al igual que en el otro caso, el artesano recibió un encargo real, pero en esta ocasión, el relojero representó el número 4 con la grafía IIII. El rey, al observarlo, entró en cólera y mandó ejecutarlo, dando de esta forma salida a la ira regia. Como protesta ante esta injusticia, los demás artesanos decidieron utilizar el IIII en vez del IV.

Superstición

Otras personas, piensan que el mantenimiento de la grafía IIII se debe a razones puramente supersticiosas. Y eso se debe a que el IV se corresponde con las dos primeras letras del dios romano Júpiter (IVPITER en latín). Su uso inadecuado, según esta corriente de opinión, era de carácter blasfemo.

Razones estéticas

Esta es una de las razones que intentan desvelar el misterio de una forma más sencilla. El propio Instituto Británico de Relojería es de esa opinión, argumentando que el uso de IIII tiene un fundamento estético. Y ello se debe a que los cuatro caracteres IIII crean una simetría visual con su opuesto en la esfera VIII, también de cuatro dígitos, que el IV no consigue.


Pero sea cual sea la razón por la que se mantiene esta tradición, fácilmente constatable, lo cierto es que los maestros relojeros, en la mayoría de los casos, siguen usando la grafía IIII en lugar de IV. Es algo más que una extravagancia, algo más que una imperfección, algo más que un capricho. Es una tradición, aunque no se sepa a ciencia cierta su origen. Al fin y al cabo, quizás no sea eso lo más importante. Lo más significativo es que, nosotros, todos, esperamos que en los nuevos relojes en los que se representen las horas en números romanos, siga apareciendo el IIII. Porque lo manda la más fina tradición relojera.

© Encima de la niebla

encimadelaniebla

Revista cultural