El poder de la palabra (III)

En este tercer artículo, dedicado a la extraordinaria fuerza que adquiere la palabra cuando la empleamos como medio de expresión artística, destacamos dos poemas de Blas de Otero. En este caso, la palabra actúa como revulsivo social que intenta producir un cambio en la vida de la sociedad española de los años cincuenta. El deseo de un mundo mejor y el anhelo de libertad son patentes en ambos poemas.


En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


Pido la paz y la palabra

Escribo 
en defensa del reino 
del hombre y su justicia. Pido 
la paz 
y la palabra. He dicho 
«silencio», 
«sombra», 
«vacío» 
etcétera. 
Digo 
«del hombre y su justicia», 
«océano pacífico», 
lo que me dejan. 
                               Pido 
la paz y la palabra.


©Texto:  José Luis Pérez Fuente
© Imagen:  Jill Welington en pexels

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