El poder de la palabra IV

El poder de la poesía es inmenso. Unas pocas palabras organizadas con ritmo, un concepto trascendente, un sentimiento que supera el discurso léxico y un lector que se siente alumbrado por una armonía inexplicable son razones suficientes para reconocer la fuerza que un poeta es capaz de transmitir con su creación literaria.

El primer autor que cito a continuación es León Felipe, un poeta no adscrito a ninguna Generación, aunque cercano a la del 27. “Prologuillos” pertenece a su primera obra publicada en 1920: Versos y oraciones del caminante, donde la sencillez temática y estilística son evidentes.

Pocas son las palabras –veintisiete– con las que León Felipe expresa una visión universal e intuitiva sobre la poesía:

PROLOGUILLOS
2
Poesía…
tristeza honda y ambición del alma…
¡cuándo te darás a todos… a todos,
al príncipe y al paria,
a todos…
sin ritmo y sin palabras!
(León Felipe. Versos y oraciones de caminante)


Gabriel Celaya es otro poeta español de la Generación literaria de la postguerra. Buscó crear una poesía comprometida, una poesía social, utilizada como herramienta política para transformar el mundo.

El siguiente poema “Hablando en castellano” es un vivo ejemplo de sus intenciones sociales. Gabriel Celaya necesita cuatrocientas cuarenta y cuatro palabras para manifestar su pensamiento y su manera de afrontar la vida a través de la poesía:

Hablando en castellano
Hablando en castellano,
mordiendo erre con erre por lo sano,
la materia verbal, con rabia y rayo,
lo pone todo en claro.
Y al nombrar doy a luz de ira mis actos.
Hablando en castellano,
con la zeta y la jota en seco zanjo
sonidos resbalados por lo blando,
zahondo el espesor de un viejo fango,
cojo y fijo su flujo. Basta un tajo.
Hablando en castellano,
el "poblo, puoblo, puablo", que andaba desvariando,
se dice por fin pueblo, liso y llano,
con su nombre y conciencia bien clavados
para siempre, y sin más puestos en alto.
Hablando en castellano,
choco, che, te, ¡zas! ¿ca? Canto claro
los silbidos y susurros de un murmullo que a lo largo
del lirismo galaico siempre andaba vagando
sin unidad hecha estado.
Hablando en castellano,
tan sólo con hablar, construyo y salvo,
mascando con cal seca y fuego blanco,
dando diente de muerte en lo inmediato,
el estricto sentido de lo amargo.
Hablando en castellano,
las sílabas cuadradas de perfil recortado,
los sonidos exactos, los acentos airados
de nuestras consonantes, como en armas, en alto,
atacan sin perdones, con un orgullo sano.
Hablando en castellano,
las vocales redondas como el agua son pasmos
de estilo y sencillez. Son lo rústico y sabio.
Son los cinco peldaños justos y necesarios
y, de puro elementales, parecen cinco milagros.
Hablando en castellano,
mal o bien, pues que soy vasco, lo barajo y desentraño,
recuerdo cómo Unamuno descubrió su abecedario
y extrajo del hueso estricto su meollo necesario,
ricamente substanciado.
Hablando en castellano,
yo sé qué es poesía. Leyendo el Diccionario
reconozco cómo todo quedó bien dicho y nombrado.
Las palabras más simples son sabrosas, son algo
sabiamente sentido y calculado…
Hablando en castellano,
decir tinaja, ceniza, carro, pozo, junco, llanto,
es decir algo tremendo, ya sin adornos, logrado,
es decir algo sencillo y es mascar como un regalo
frutos de un largo trabajo.
Hablando en castellano,
no hay poeta que no sienta que pronuncia de prestado.
Digo mortaja o querencia, digo al azar pena o jarro.
Y parece que tan sólo con decirlo, regustando
sus sonidos, lo sustancio.
Hablando en castellano,
en este castellano vulgar y aquilatado
que hablamos cada día, sin pensar cuánto y cuánto
de lírico sentido, popular y encarnado
presupone, entrañamos.
Hablando en castellano,
recojo con la zarpa de mi vulgar desgarro
las cosas como son y son sonando.
Mallarmé estaba inventado
el día que nuestro pueblo llamó raso a lo que es raso.
Hablando en castellano,
los nombres donde duele, bien clavados,
más encarnan que aluden en abstracto.
Hay algo en las palabras, no mentante, captado,
que quisiera, por poeta, rezar en buen castellano.
(Gabriel Celaya. Cantos iberos)


© Texto de José Luís Pérez Fuente
© Fotografía de pexels

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