El poder de la palabra VI

En estos capítulos, dedicados a la palabra que se transforma en poesía para reivindicar el poder de los sentimientos humanos, hemos repasado la lírica comprometida que hace de sus versos un revulsivo social; hemos disfrutado de momentos poéticos de carácter universal, intuitivos, llenos de luz y de emociones y, sobre todo, hemos observado una característica común en todos los textos presentados: el deseo de exaltar la transcendencia de la palabra que transforma en versos los anhelos de cada uno de los poetas.

He dejado, para finalizar este ciclo, dos poemas, uno de Susana Diez de la Cortina y otro de Felipe Espílez, compañeros de fatigas literarias y amigos. En ellos podemos apreciar, a modo de paradigma, todos los matices que se han comentado en el párrafo anterior sobre el poder de la palabra que construye, desde el puro sentimiento, una estructura lírica trascendental y emotiva.

SOBERBIA

No me conformo con mirar las cosas:
yo quisiera alzar torres de canciones,
anegar ese patio de cemento que veo
con frases como ríos inextinguibles,
calles de palabras
con las que ir de mi casa hasta las vuestras,
quisiera
levantar cada cosa caída con un verbo,
ser yo misma una pura resonancia …
Pero tampoco es eso
ni quiero conformarme con escribir así:
lo que quiero es la llama que hace saltar el brillo de la vida,
lo que quiero es el fuego,
lo que quiero es arder.


(Susana Diez de la Cortina Montemayor. Corazones blindados)


Transfusión de poeta

Para las manos que lloran madrugadas,
un pañuelo de auroras bordadas.
Para los ojos que tiemblan soledad,
un alero de lirios en el tejado del mar.
Para los huesos escalados por la hiedra,
un banco donde se acueste la primavera
Para ti, que lees este poema,
una transfusión de poeta en tus venas.
A sangre, a pura sangre,
desde la emoción de la muerte de la tarde,
agonizando a cada verso, como una madre,
como una madre, aunque sea sólo un hombre
y se desvanezcan mis versos en el horizonte.


(Felipe Espílez Murciano. Huellas de silencio)


© Texto de José Luís Pérez Fuente
© Fotografía portada: Felipe Espílez Murciano

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