El postismo, un legado a reivindicar

Conferencia pronunciada el pasado 30 de mayo en el Centro Cultural Emilia Pardo Bazán en el marco del acto “Poetas del Postismo”, compartido con la rapsoda Mayte Domínguez y con el pianista y poeta Pablo Bethencourt, miembros ambos del grupo Retablo.

De repente, ascendiendo por un montículo del parque natural Cabo de Gata, entorno no muy propicio para la floración de una muy nutrida nómina vegetal, observé, a los lados de la trocha por la que ascendía, unas matas de sandías cuyo fruto asomaba, si bien sin una presumible expectativa de maduración dado el ajusticiador sol que por allí imponía su meteorológica soberanía estival.

Algo así fue el Postismo a mediados de los cuarenta en España. De repente, en medio del desértico panorama cultural imperante, brotó un movimiento poético que, por desafiar las angostas molduras que todo lo ahormaban, no pudo florecer en la medida en que tamaño arsenal plástico-creativo hubiera merecido, ay.

Un movimiento lírico que propugnaba la absoluta libertad creativa había, por fuerza, de colisionar contra el stablishment represivo vigente. Su frescura, fuerza y espíritu lúdico no fueron bien recibidos.

Empezaron a crear beldad con la descomposición y subsiguiente y audaz recomposición de los mimbres de siempre, mas disidiendo de las precedentes convenciones y rociándolo todo con el néctar de la más indiscriminada imaginación, lo que llenó la poesía que erigieron de sugestión y sorpresa.

Entre las técnicas más características blandidas por los ejercientes de esta corriente poética podemos destacar las asociaciones verbales, las paronomasias, las dilogías, la creación de neologismos, calambures, aliteraciones… Se ensamblarían elementos de manera insólita buscando observar el mundo bajo una nueva perspectiva trasladándonos a la vez un nuevo brillo lingüístico.

No estaba el país preparado para el torrente de irreverencia que comportaba el movimiento postista.

Según Amador Palacios, el núcleo duro del postismo lo conformaron Eduardo Chicharro, Carlos Edmundo de Ory y Silvano Sernesi. Muy cercanos a este epicentro irradiador estarían Ángel Crespo, Gabino-Alejandro Carriedo y Félix Casanova de Ayala. Otros artistas muy influidos y persuadidos por el postismo fueron Paco Nieva, Gloria Fuertes o Fernando Arrabal.

Sin duda, rasgos de sublimidad por la vía lúdico-lingüística con tintura surreal amalgaman a los citados:

En su “Soneto XXIX”, Eduardo Chicharro Briones (que es un tan díscolo y malversador como afinado sonetista) identifica su ánimo con el amanecer que nos refiere. En dicho soneto observamos el ensamblaje de la tradición con el ímpetu innovador. Maneja el poeta una estrofa canónica, si bien no ateniéndose a una métrica prístinamente pulcra. Se da en el poema una denodada y premeditada danza sintáctico-semántica que sobredora la pieza con sugestiva fragancia lírica.

SONETO XXIX

Eduardo Chicharro Briones

Como una brisa tierna siento ahora
en el mismo pináculo la aurora,
la aurora que —no sé— llena de altura
el alma mía. Por los valles, por la pura

esencia que respiro, por todo ello
parece que me encubro, parece que procura
mi espíritu vivir con más destello;
no sé, con más viva locura.

Quietas están las cosas. Todo adrede
parece reposar, hacerse bello
dormitando en su calma como aquello

que luego ha de moverse, como espora
que luego habitará la húmeda sede.
Y yo, en mi sed. Tal vez demoledora.


Carlos Edmundo de Ory, otro de los popes del Postismo, siempre embriagó su poesía con los rasgos con que principió su andadura en las bellas letras. Parece estar y salirse por momentos de sí mismo el poeta gaditano, sensación que consigue mediante la aplicación de audaces sinestesias, las cuales envuelven imágenes visionarias encadenadas sin rubor.

REMORDIMIENTO

Carlos Edmundo de Ory Domínguez

En el mar amarillo de mis horas
se revuelcan los pájaros enfermos
con un temblor de alas imprecisas.

A flor de sol y espuma se ha mecido    
la angustia taciturna de mi ser. 
Ya otra vez soy el mismo que aquel día
que fui sin ser de mi contorno ausente: 
Porque llevo la luna entre las manos,
cuando el negro silencio que despierta las brisas
me consume el espíritu.           

Ya otra vez he sentido la música delgada
del otoño entre los árboles.
……………………………………..
Una estrella me ha dado la rosa de sus dedos
y he guardado en la tarde como un dolor extraño
la mirada de Dios.


En los dos poemas a continuación esgrimidos de Ángel Crespo, dicho poeta manchego concomita con sus adláteres postistas en la elevación de elementos a priori insignificantes como piedras de toque de reflexiones profundas administradas con díscolo y jovial aditamento. El flujo de plasticidad arrastra todo un entramado de enjundia discursiva.

EL TEDIO

Ángel Crespo Pérez

El tedio a veces es como el amor;
mana de las cavernas
del pecho, se dilata,
atraviesa la estancia y los cristales
y se difunde hasta perderse

de vista.
Y, barnizado
con su color distinto,
es más íntimo el mundo.
***

LOS ÁRBOLES CRECEN DEPRISA

Ángel Crespo Pérez

Mientras iban creciendo
estos árboles, yo
daba vueltas al mapa
diario de mis sueños. –
Y cada rama era
el nombre de un país, y cada hoja
una ciudad con torres o mezquitas
y siempre con un alma
en pena.
                   Y en otoño
me querían llevar al otro mundo
las hojas amarillas
y una calle sin nombre y sin ventanas.


Muchas veces es la pura imaginación la que catapulta o se alía con los juegos aliteradores, suscitando un fonológico entramado que nos atrapa sin remisión, como en el poema “La langosta”, de Gabino-Alejandro Carriedo:

LA LANGOSTA

Gabino-Alejandro Carriedo

La langosta se come los trigos,
se corta los humos,
se compra los dientes que tiene.
La langosta que salta y deshace
los trigos más altos y pone
las aceñas de trigo amarillo
tan al lado del trigo comido.
La langosta cancela su postre,
traduce más tarde episodios
y se pone a sumar relicarios,
y a afeitarse se pone temprano,
y se pone a secarse las manos.

Tímidos misántropos del anochecer:
la langosta pospone a su madre,
las cigüeñas se acuestan a veces,
la lechuza nos dice que hay algo,
que en las torres las monjas dormitan.

Por lo mismo que digo langosta
yo diría primero que mientes.
Pues me muero de envidia si veo
los insectos que saltan los montes.


Lo antedicho puede valernos para aludir al poema de Félix Casanova de Ayala, “Marina”:

MARINA

Félix Casanova de Ayala

No me cansa si te sigo por el agua
ni la danza que te digo por la arena,
por lo mismo que las aves son distantes
y distintos en los ojos los ocasos.

A qué lado marinero considero
ese tuyo vuelo cuyo cielo enmarca
y desmarca cielo tuyo grácil vuelo,
ola sola, barcarola, núbil ala.

Ahora vienes de viejísimas arenas,
de morar concavidades de silencio,
y en los ojos de los mares viendo mares
haces peces y deshaces los abismos.

Cuanto más que contorsiones en tu mano
paraíso destellado sobre el nácar,
iban soles, iban sueños, iban mundos,
en efecto de centrípetos encajes.


Gloria Fuertes y Arrabal, epígonos ambos de este revelador movimiento, han dejado entrever en amplia parte de sus respectivas obras el influjo del postismo en sus más idiosicrásicos rasgos: la metáfora audaz, la imagen visionaria, la sinestésica cosificación de lo inconmensurable (o de sí mismos), la cromatización de lo abstracto, el juego fonológico y el dislocado uso de la sintaxis…

LOS PÁJAROS ANIDAN

Gloria Fuertes García

Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas,
entre los senos tengo codornices,
los pájaros se creen que soy un árbol.
Una fuente se creen que soy los cisnes,
bajan y beben todos cuando hablo.
Las ovejas me pisan cuando pasan
y comen en mis dedos los gorriones,
se creen que soy tierra las hormigas
y los hombres se creen que no soy nada.


Los postistas redactaron cuatro manifiestos entre 1945 y 1948, de los que podemos colegir que pretendieron materializar con la puesta en liza de tal credo un movimiento que sistematizara todas aquellas coordenadas históricas que habían contribuido (de uno u otro modo) a centrifugar el arte en una inercia renovadora; tal será la divisa de su literario quehacer. Se erigieron en malabaristas del intelecto instituyendo la metáfora en piedra angular de sus creaciones, resarciéndola, asimismo, de su condición de mero mobiliario presto a reportar ornato al edificio poético.

Ironizarían hacia sí como autodefensa, tratando de ahuyentar cualquier atisbo de patetismo. El factor estético y el imaginativo fueron impuestos sin ambages.

Ahora bien, el Postismo no se reveló contra la tradición de manera taxativa, ya que la usará con prurito refundador. Además, pese a su clara filiación surrealista, no se abandonaron sus ejercientes al puro automatismo, sino que estos seleccionarían el material del subconsciente y lo someterían a ciertas técnicas basadas en una lógica que lo trocarán en puro y alucinado jolgorio.

La inverosimilitud tiende un suave tul de sugestión sobre las obras engendradas por este contubernio de traviesos vates.

Así las cosas, poca poesía puede hacernos ascender a tamaños clímax de poética fascinación.


© Texto e imagen: Diego Vadillo López

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