El precio de la civilización

Del 5 al 8 de octubre del nefasto año pasado, las autoridades aeroportuarias del Adolfo Suarez Madrid-Barajas descubren a unos 23.000 pollitos que llevaban abandonados varios días en una especie de tierra de nadie, embutidos en pales en una nave de la zona de carga del citado aeropuerto. El cliente que solicitó su pedido ya no los quiere, por las razones que sean. La Policía Nacional los encuentra en unas condiciones deplorables. La gran mayoría de ellos se encuentran muertos o moribundos, descompuestos o en estado de putrefacción absoluta mientras los que aún están vivos se alimentan de ellos impulsados por el hambre y en siniestra armonía con el instinto de supervivencia.

Aproximadamente el 17 o 18 de abril del 2021, el mundo se hace eco de uno de los, por desgracia demasiado numerosos, laboratorios de los horrores, situado mucho más cerca de lo que nadie podría llegar a pensar. No, no se trata de una localización sacada de una novela de H.G Wells en la que el Doctor Moreau coquetea con el peligroso juego de intentar ser Dios, no. Se trata de un laboratorio situado en Tres Cantos, Comunidad de Madrid. Las vejaciones a los animales llegan a límites que juegan con las psicopatías y el desprecio a la vida más cruel que pueda existir. El video filtrado es aterrador… No hay palabras para describirlo. “Déjale que se rompa la columna”, “el pito está aquí, los huevos deben andar por ahí…” Monos, ratones, cerdos… perros… sí, sí, perros, como los que ustedes tienen en sus casas. Unos sí, pero otros no, qué desgracia.

¿Seguimos? Puedo seguir… porque la lista se alarga hasta el maldito infinito. Y si ampliamos el área de búsqueda de manera internacional, el espectáculo provoca que a uno se le quiten las ganas de vivir.

Luego pregunten a los veganos por qué son veganos.

En el siglo XXI, el mundo ha sufrido épocas de interminable dolor, guerras, limpiezas étnicas, conflictos armados en pequeña escala… y un hambre sin parangón, enfermizo…Y ahora hemos llegado a un punto en el que comer carne ya no es un lujo reservado a los reyes, los zares y la nobleza que les rodeaba, es para todos. Barato y “asequible”. Pero para alimentar a la cada vez más creciente población humana del planeta hace falta construir macrogranjas y criar animales de la manera más rápida y efectiva posible, que por desgracia, no siempre es la más digna y carente de sufrimiento. Y yo, por ejemplo, no quiero formar más parte de ello, es mi opción. La he valorado y aplicado.

Pero si extrapolamos este tema al mundo de la tecnología, obtenemos desgraciadamente el mismo resultado. “Saqueamos el continente africano en busca de coltán y sacrificamos miles de vidas en el proceso. Las que no se sacrifican padecen dolores interminables, amputaciones, maltratos de las guerrillas que colaboran indirectamente con occidente… Y un sinfín de mierda más”. Conozco cada vez a más gente, entre los que me incluyo, que intentan reducir el consumo de piezas de tecnología como teléfonos móviles, para intentar paliar el terrible impacto sobre la sociedad que tiene este sangriento mineral, compuesto de columbita y tantalita, y que por cierto es un material no renovable.

Veo que se llega incluso a aplaudir a esta gente que intenta hacer un consumo responsable de estos artefactos tecnológicos… sin embargo, como llegue un  vegano y exponga el mismo argumento pero en distinto contexto… vaya hombre, el vegano ya está tratando de imponer su filosofía de supremacía moral. ¿Me puede explicar usted esto? ¿Desde cuándo una exposición y defensa de un modo de vida es una imposición? ¿O es que sucede algo más que no me quiere usted contar…?

Mi estimado y respetado Santiago Abascal nos llegó a llamar “psicópatas enloquecidos” … sí, sí, como lo oyen… ¡psicópatas enloquecidos! Los mismos que no condenan las amenazas de muerte que intentan sembrar el terror entre la población. Y yo me pregunto, si un vegano es un psicópata enloquecido, el que envía cartas de amenaza de muerte adjuntando unas cuantas balas para decorarlo, o el que se graba disparando con armas de fuego real a retratos de políticos que no son de su agrado, ¿qué es?

“Todo lo que yo digo es verdad, y todo lo que dicen los demás es mentira.”

He sido auxiliar de vuelo durante diez preciosos años de mi vida, y recuerdo un vuelo en concreto en el que llevamos a 300 soldados indios de la ONU desde Kigali, Ruanda, hasta Nueva Delhi, India. El menú para todos era vegetariano, incluso vegano, porque todos ellos lo eran. No sé si por decisión, voluntad propia o cuestiones tradicionales… pero lo eran. Me acuerdo que cuando mis compañeros de vuelo y yo vimos la bandeja de comida, nos pareció una cantidad ridícula de alimento para esos tipos tan grandotes, militares, fornidos, algunos de casi dos metros… Nos sobraron varias comidas, que quisimos repartir entre algunos de ellos. Absolutamente ninguno repitió. Les fue suficiente lo que habían comido. Y recuerdo que uno de ellos me dijo, en inglés, que lo que había comido era lo necesario para mantener cuerpo y alma y que estaba bien como estaba.

Toda su vida siendo vegetariano, muchos veganos, y oye, yo les vi bastante serenos en cuerpo y alma. Llámenme loco, pero no vi ni un solo psicópata enloquecido…

Es una opción, está ahí, ni debe ser menospreciada, ni debe ser sobrevalorada… es lo que es. Y por favor, no confunda usted la defensa de ideas con la imposición, porque son dos cosas completamente distintas.

“Un país, una civilización, puede ser juzgada por el modo en que tratan a sus animales.”

-Mahatma Gandhi, un verdadero psicópata enloquecido-


© Daniel Borge