El rescate

Ella estaba refugiada detrás de una rueda de un coche.

Lo cierto es que no sabía lo que era, solo que me servía de protección.

De pronto, una cosa grande se agachó sacándome de mi escondite.

Comencé a maullar, me dio mucho miedo, no sabía por qué.

Esa cosa grande se dirigía a mí con suaves movimientos.

Me confíe, sentí sus manos amables acariciarme el lomo, mientras un ruido procedente de esa boca tan grande me tranquilizaba.

Me sentí protegida.

Llegamos al que debía ser su refugio.

Buscó una caja con una mantita y allí me dejó.

Al poco tiempo llego con un recipiente de agua, otro de leche.

Ohhh!! Que bien me ha venido. Tenía sed, hambre y un poco de frío.

Cuando me sacié, me hice una bola y me dormí.

Cuando amaneció, me estiré e investigué el lugar en el que estaba.

Entré en un espacio donde debajo de mucha ropa, asomaba la cabeza de esa cosa grande que me había recogido.

Me subí como pude y me acurruqué en el hueco que había entre su cabeza y la manta.

Que feliz me sentí

Resulta que descubrí que era un hombre, sus manos grandes me acariciaban mientras le oí decir que mi nombre era Guinnes.

gato

Al cabo de poco tiempo vino a mi hogar otra gata como yo.

Me irrité, no quería que otro mínimo me quitase protagonismo.

Hubo tiempo de tirantez, pero no mucho, era mi compañera de juegos.

La llaman Pinta.

Hoy hace ya nueve años que vivo aquí.

Nadie me discute que soy la reina de ese hogar.

De vez en cuando mi amito se va fuera, viene una señora que dicen que es mi abuela, me quiere, pero yo la hago de rabiar y a veces se marcha de casa enfadada conmigo.

Sin embargo, Pinta si se acerca y juega con ella.

El próximo día que venga la dejaré que me acaricie.


© Texto:  Maruchi Marcos Pinto