El viaje de We can do it, a icono feminista

Seguro que el lector conoce de sobra el cartel We can do it de  J. Howard Miller. De hecho, se ha convertido en un icono feminista, en parte debido a la utilización que se ha hecho de él, como luego comprobaremos. Pero lo cierto, es que este cartel no nació con ese propósito, sino con otro mucho más limitado en el tiempo.

Sin embargo, no es de extrañar que derivase en objetivos más duraderos, ya que desde el punto de vista estético es una verdadera obra de arte.

Una mujer de complexión fuerte con un pañuelo rojo de lunares blancos, mira al espectador mientras le enseña su brazo en tesión, levando la manga de su camisa de color azul.

Todo ello con un fondo amarillo y un eslogan que reza: We can do it.  La combinación de colores, el tipo de dibujo o la colocación de la tipografía son una clara insinuación al pop art que no tardaría en desarrollarse en todo su esplendor.

Nacimiento de We can do it

Situémonos a finales del año 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. La compañía estadounidense Westinghouse Electric & Manufacturing, le encargó al artista J. Howard Miller un póster de incentivo laboral, que se mostraría brevemente en las fábricas de Westinghouse y que rápidamente se convirtió en uno de los iconos más famosos de la Segunda Guerra Mundial.

La compañía tenía como objetivo el alentar a las mujeres para que trabajasen en la industria de defensa mientras los hombres estaban combatiendo y por esta razón, en poco tiempo, el cartel se convirtió en un símbolo del patriotismo femenino.  

No obstante, cuando acabó la guerra muchas de estas industrias obligaron a las mujeres a renunciar a sus trabajos cualificados para que los ocupasen veteranos de guerra que regresaban, pero… no adelantemos acontecimientos.

El principio: La canción Rosie la remachadora

Este tipo de iniciativas no fueron exclusivamente de Westinghouse, sino de muchas empresas y compañías americanas que se habían quedado sin mano de obra masculina. Por esta razón el Comité de Coordinación de Producción de Guerra llevó a cabo varias acciones para incentivar el trabajo femenino. Entre ellas, y además de la distribución del poster We can do it, podríamos citar otras muchas imágenes y eslóganes de motivación laboral.

El origen de toda esta propaganda institucional , se encuentra en la canción Rosie, la remachadora compuesta por John Jacob Loeb y Redd Evans, que se convirtió en éxito nacional. En la canción se contaba la historia de Rosie, que trabajaba en la producción y abastecimiento durante la guerra, ensalzando así los valores patrióticos.

Así fue como todas las mujeres que trabajaban sustituyendo a los hombres que estaban en el frente, se convirtieron en Rosie, la remachadora. Y nuestra mujer del cartel We can do it, no fue una excepción.

Hago un pequeño inciso para remarcar el hecho de que estos trabajos estaban peor remunerados que los realizados por sus homólogos masculinos, y la razón argumentada en aquel entonces, era la necesidad de fabricar armas para acabar lo antes posible la guerra. Debido al desgaste que esta situación le causaba al país, el bajo coste estaba justificado. No puedo dejar de mencionar este hecho, ya que el tiempo y la vida son caprichosos y a día de hoy, este cartel se ha convertido en icono feminista pero su nacimiento estaba basado en una torticera escusa para rebajar los salarios de las mujeres trabajadoras.

¿Quién era Rosie, la remachadora?

Detalle cartel We can do it

Volviendo a la ilustración del cartel, éste estaba inspirado en una mujer real.

Durante muchos años se creyó que se trataba de Geraldine Hoff Doyle, pero posteriormente, el profesor James J.Kimble de la Seton Hall University, investigó el origen la fotografía que inspiró a J.Howard Miller para su maravillosa ilustración, y averiguó que se trataba de Naomi Parker Fraley que falleció a los 96 años en Washington .

Lo cierto es que este tema preocupó a varios investigadores y profesores durante años, ya que su autor J. Howard Miller, no dejo ninguna anotación que pudiera desentrañar el misterio, quién sabe si lo hizo de forma deliberada o quizás no pensó en la repercusión que tenía el hecho de desconocer quién se escondía detrás de su ilustración.

Conversión a símbolo feminista

Ya se ha comentado que una vez finalizada la guerra, la situación laboral de la mujer cambió por completo. Habrá que esperar hasta los años 80 para que We can do it retome el protagonismo perdido y no sólo eso, sino que pase a ser el emblema de la superación de las mujeres, utilizado por distintos políticos y movimientos sociales.

Aunque lo que realmente hizo que We can do it, adquiera popularidad fueron las redes sociales. En 2014 Beyonce  hizo esta publicación en Instagran y We can do it, volvió a ser popular, llenándose la red de Rosies que querían imitarla.

Beyonce en instagram

Lo cierto es que en la actualidad We can do it, está más vivo que nunca, también para la industria que nos ofrece: tazas, patitos de goma, pósters… y un sinfín de productos ligados a esta imagen.

Y si bien es verdad que We can do it, no nació con la intención de ser un símbolo de empoderamiento de la mujer trabajadora, lo cierto es que ha sabido migrar a ese puesto con total dignidad.

Aparecerán, seguramente, varias teorías al respecto, como en su día se discutió e investigo sobre quién era Rosie, la remachadora, pero en el fondo lo que puede entreverse es un cartel con elementos sencillos y un mensaje muy potente, que tienen como protagonista a una mujer fuerte y en lucha y bajo estas premisas es fácil entender el por qué de su viaje a icono feminista.

© Texto e imágenes: María Ángeles Espílez Murciano