En chancletas, cepillo de dientes y toalla

¡¡¡Pssst, oye tú!!! ¡¡¡Ábreme la puerta, ese es mi cuarto! ¿Pero, qué te has creído? No, no, no puede ser cierto, ese extraño se metió en mi cuarto, en miii cuarto y cerró la puerta con seguro. ¿Acaso estaré soñando? Pero, si hace un rato le ví en el baño, de espaldas no pude alcanzar a verle la cara. Le sé aún mas desconocido. No sé nada de él, ni de dónde salió, ni el por qué de su presencia.

¡Oye, ábreme ese es mi espacio, no es el tuyo! Le reclamo : ¡Abre de una vez y por todas la maldita puerta!

(Comienzo a gritar desesperadamente). Ninguno de mis compañeros se enteran. Todos están cubiertos por el manto del sueño, y no es que les necesite, sé valerme a solas, lo peor, sospecho : cualquiera de ellos, o todos en tropel pueden ser parte etérea, sustancial de este ente con capacidad de clonizarse en quien le venga en ganas. ¡Carajo! El muy cretino ni se inmuta, su silencio destila aún mayor frialdad, acentúa su descarada osadía en invadir, usurpar mi espacio, mi santuario.

¿Por qué no eres tan solo una cara, o una espalda sin mayores consecuencias? ¡¡¡Cuánto bien me hubieras hecho maldito enemigo mío!!!

¿Acaso te envío el Destino a que te cruzaras en mi camino y me desalojaras, perturbaras la paz de mi alma?

Dime, que harás en miii cuarto? Sí ya sé, te apropiarás de mis pertenencias, de mis libros, mis revistas, de mis regueros que tan solo conozco en qué sitio coloqué, o peor aún en qué lugar lo guardé, cuando intenté encontrarlo, pretendiendo su inaccesibilidad al otro, a ti insensato e inescrupuloso desconocido.

¿Por qué no eres aire, agua, viento que pasa, gota que se evapora al contacto del aire?

¿Por qué no eres un comercial de cualquier canal de T.V. o estación radial intermitente en radiotransmisor de bolsillo?

Sombras nada más entre tu vida y mi…

© José G. Santos Vega
Imagen de Peter H en Pixabay