En mi casa

No, en mi casa no había principios, en mi casa me enseñaron tan sólo los finales. 

Apenas llegábamos a fin de mes. Aprendí a esperar, al pasar la lista en la escuela, fui siempre de los últimos, el último de la fila. 

Eso del vaso medio lleno es concepto tardío de la post-modernidad positivista. En casa se colaba dos veces la borra del café, para luego intentarla leer… 

En casa, el fondo del caldero se raspaba muy bien. Observaba ensimismado ese color similar al níquel de las monadas, esos vellones, esas pesetas modestas de mi mesada. Cuántas monedas cabrían en ese caldero, cuántos granos de arroz que siempre rendían.

En mi casa tratábamos que los finales fueran abiertos, ya que los principios de otras casas eran por lo general muy cerrados. 

© José G. Santos Vega
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