Entrega 2: El encuentro con User

En el número anterior…

Después de ser despedido de su periódico, Martín se encuentra deambulando por Madrid sin rumbo fijo. Llega al Templo de Debod y allí se encuentra con un ser que no llega a saber si es humano o se trata de un fantasma. Este ser se presenta como User el egipcio. Martín le dice que le parece un escriba, circunstancia que no es muy bien recibida por User replicándole:
–  Soy, o quizás debiera decir fui, algo más que eso…

– De lo contrario no estaría aquí, en el mundo de los vivos, después de más de tres mil años de haber muerto.

Como noté que aquel ser se había ofendido, pretendí argumentar algunas razones de peso para que mi apreciación fuera entendida en el buen sentido y le dije:

–   Antiguamente valía tanto el nombre de escriba como el de sabio. Eran doctores en la Escritura y, así, eran los escribas los doctores de la ley con los cuales se consultaban todas las dudas que se ofrecían en ella, como si dijéramos los teólogos. Veo en ello una gran dignidad y así lo he reconocido.

–   Si, eso es cierto, y sin querer sustraer el mérito que se le debe otorgar al escriba, además de eso, yo fui chaty de Egipto al servicio de Tutmosis III.

–   ¿Qué es un chaty? -le pregunté, muy interesado.

–   El chaty era el más alto funcionario del Antiguo Egipto; es decir, el primer magistrado después del faraón. Pero además fui Gobernador de Tebas, Sacerdote de Maat, Tesorero Real, Guardián de la Casa del oro, Escriba de las piedras preciosas, Sacerdote de Amón y de Min, Tesorero de seis grandes templos y escriba del tesoro divino en el Templo de Amón.

Yo estaba impresionado con las dignidades que había ostentado y me arrepentí de no haber sabido el significado de chaty. Era evidente, por el tono de mi interlocutor que no le había gustado y que, de alguna manera, había sido herido en su orgullo. En eso pensaba brevemente, cuando User me apartó de mi ensimismamiento al continuar hablando:

–   Yo, User, fui el sacerdote de las manos puras, que penetraba en el templo de Amón; coloqué el ungüento sobre los miembros divinos; engalané a Amón-Min. Llevé a Amón en su fiesta y levanté a Min sobre su estrado. No enderecé la espalda en la casa del amo, delante de quien se curva. No elevé el brazo en la casa de Amón, el que aumenta el brazo. No hablé en el templo del Amo del silencio. No pronuncié mentiras en la casa del Señor de la verdad. No manché la pureza divina, no tomé nada de las ofrendas del dios. Fui por eso elevado a la eminente función de alcalde de la Ciudad y de Chaty.

Templo de Amont

Después, un tenso silencio inundó el espacio que había entre ambos, unos cuatro codos sagrados. Un metro bastante largo, para nuestro tiempo. Fueron unos segundos tintados de suave niebla que parecían necesarios para dejar las cosas donde debían estar. Finalmente, me decidí a preguntar:

–   ¿Y qué es lo que quiere de mí? No es precisamente mi mejor día y me temo que, en estas condiciones, no le resulte muy útil, sea lo que sea lo que pretende.

–   Estoy al corriente de sus circunstancias. Pero me interesa Vd. más por su futuro que por su presente. Es sabido por la generalidad de los hombres que el tiempo todo lo cura y la tristeza y rabia que Vd. siente esta noche no se extenderá en el tiempo de forma indefinida. Es más, yo voy a proponerle algo que le será de utilidad para recobrar la alegría, la esperanza, las ganas de vivir. Y aunque puede resultar extraño que un muerto promueva las ganas de vivir, así será como muy bien comprobará. Eso si acepta mi encargo, claro.

–   ¿Encargo, qué encargo? -pregunté visiblemente intrigado.

–   Se lo explicaré inmediatamente, pues no es conveniente retardar las cosas importantes. Como le he dicho hace un momento, yo, User, vine a morir hace más de tres mil años. Pasado el tiempo y estando en el reino de los muertos, el rey Meroe Adijalamani me encargó, por un tiempo determinado, que fuera el protector del Templo de Debod, así como que ejerciese de escriba del tiempo para narrar las vicisitudes que tuvieran relación con él.  El plazo que se me dio está próximo a concluir y yo debo retornar al Reino de los Muertos. Sin embargo, me queda una misión por cumplir. Y para eso lo necesito a Vd.

–   No alcanzo a comprender en que le puedo ayudar yo -le contesté algo escéptico, mientras me removía acusando la dureza del asiento que ya me estaba empezando a resultar oneroso.

–   Necesito que Vd. sea el testigo de algunos acontecimientos y que después los narre. Conozco su calidad literaria y su arrojo personal. Esas dos cualidades lo hacen idóneo para mis planes. Además, desde esta tarde se encuentra sin trabajo y tiene todo el tiempo para dedicarlo a este proyecto.

–   Veo que conoce toda mi vida.

–   Bueno, solo las circunstancias personales que puedan afectar a mi cometido. Lo demás lo respeto como parte de su intimidad.

En aquel momento me encontraba sumido en un mundo de dudas. Estaba ante un personaje que no sabía a ciencia cierta si era real o no y, que, además, conocía datos sobre mi vida que no era posible saber por medios normales. Yo me había quedado sin trabajo hacía solamente una hora y él ya lo sabía. Además, estaba claro que estaba al tanto de mi carrera periodística. Pero, fuera de todo eso, que lo encontraba extremadamente extraño, el hecho de que me hubiera elegido me halagaba. Así que me encontraba en una situación rara, muy rara, y como no sabía cómo calificarla y mucho menos la decisión que debía adoptar, para ganar tiempo le dije:

–   Le rogaría que me explicase algo más de ese proyecto suyo antes de saber si también es el mío.

–   Así lo haré, Martín, ¿puedo llamarle por su nombre?

–   Si, claro.

–   Pues bien, Martín, antes de volver al Reino de los Muertos, dado que se me acaba el plazo, como ya le dije antes, necesito cierta información. Pero mi cargo no me permite realizar tales cometidos pues no puedo abandonar el Templo de Debod mientras esté bajo mi custodia real. Y para eso necesito a una persona que haga lo que yo tengo que hacer en mi nombre. Pero no me vale cualquiera. Necesito alguien formado, culto, fuerte, aventurero y que sepa escribir. Por eso lo he elegido a Vd. Porque reúne todas esas cualidades además de otras que no vienen al caso.

–    Aprecio la consideración que me tiene, pero no me ha explicado todavía de qué se trata. Intuyo que no será nada habitual.

Hubo, entonces, un silencio que presagiaba algo importante. Mi curiosidad crecía por momentos y mi respiración se hizo, aunque muy ligeramente, más profunda y sensitiva, más sutilmente presente. En esos momentos, User habló de nuevo:

–   Para que cumpla con su misión, le voy a dotar de unos poderes que están fuera del alcance de los mortales.

Continuará…


 © Martín Z.