Entrega 3: El encuentro con User

En el número anterior…

Martin Z y User seguían hablando. Parecía que la conversación iba a desvelar la misión que el egipcio tenía pensada para darle al periodista. Después de un largo rato, por fin, iba a desmarañarse el misterio…

Habló, en primer lugar, Martin Z:

–    Aprecio la consideración que me tiene, pero no me ha explicado todavía de qué se trata. Intuyo que no será nada habitual.

Hubo, entonces, un silencio que presagiaba algo importante. Mi curiosidad crecía por momentos y mi respiración se hizo, aunque muy ligeramente, más profunda y sensitiva, más sutilmente presente. En esos momentos, User habló de nuevo:

–   Para que cumpla con su misión, le voy a dotar de unos poderes que están fuera del alcance de los mortales.

Entonces, hizo una pausa y se quedó mirándome fijamente a los ojos. Sentí que aquella mirada trascendía el tiempo y mi curiosidad creció y he de confesar que, por primera vez desde que se inició nuestra conversación, comenzaba a interesarme verdaderamente. Ya no me cuestionaba con quién estaba hablando, si con una aparición, un fantasma o lo que fuera. Lo dejaría en algo más sencillo, estaba hablando con User, con el que me empezaba a unir una incipiente amistad. Así que dejé de pensar que todo aquello era una locura y me dispuse a escuchar su explicación con todo el interés. User, entonces, retomó la palabra y continuó diciendo:

–    Veo por su expresión que está más receptivo que hace unos instantes.

Yo me limité a asentir con un movimiento afirmativo con la cabeza.

–    Tiene Vd. que buscar algo por mí, que necesito encontrar.
–    ¿De qué se trata? – le pregunté.
–    Eso no se lo puedo decir.
–    Pero… entonces… ¿cómo voy a buscar algo si no sé de qué se trata? Es una misión imposible.

User se rio. Era la primera vez que abandonaba aquella seriedad mayestática con la que se había dirigido a mí hasta el momento.

No se preocupe. Yo le diré cuando la misión esté cumplida, lo que espero que suceda, sin ninguna duda.

–    Veo que no tiene dudas, será porque las tengo yo todas. – le respondía irónicamente.
–    User, volvió a reír y me contagió su alegría. Empezábamos a sentirnos bien el uno con el otro. Después, continuó:

–    He de revelarle un detalle más de extraordinaria importancia y que estoy seguro que apreciará en lo que vale. Vd. viajará en el tiempo con toda naturalidad, aunque solo hacia el pasado, nunca al futuro, pues eso está reservado solo a los dioses.

Esta afirmación pudo con la credulidad que me empeñaba en demostrar. Mi amigo, pues creo que ya podía llamarlo como tal, dada la especial relación que empezábamos a tener, se dio cuenta de mi incredulidad y se apresuró a decirme:

–    Ya sé que es difícil de asumir lo que le acaba de decir. Pero vamos a solventar las dudas de inmediato, pues todas las misiones que Vd. llevará a cabo serán en el pasado y ya en la primera podrá Vd. comprobar que lo que le digo es cierto. Solo tiene pues que esperar unos momentos para que todas esas dudas se despejen de su mente.
–    Eso parece convincente -le dije, un poco más decidido a realizar dicha comprobación. – Va a ser difícil, pues moverse en tiempos pretéritos exige una formación especial pues las costumbres no son las mismas, los modos han cambiado. Todo es diferente.

User intentó tranquilizarme diciéndome:

–    Es cierto que todo es diferente, pero, de alguna manera, comprobará que todo es, al mismo tiempo, igual. Solo tiene que acomodarse a las formas y modos que observe y, eso, lo hará de manera natural, casi sin que medie propósito al efecto. Estoy seguro que sabrá solventar todo tipo de situaciones y, en el caso de que no lo haga de forma perfecta, pensarán que se trata de una persona extravagante. En ningún momento pensarán que viene del futuro. Puede estar tranquilo por eso. ¿Entonces… acepta Vd. la misión, Martín?
–    Me gustaría tener más información al respecto antes de comprometerme.
–    Se lo voy a proporcionar. De hecho, faltan algunos detalles importantes que debe saber. Sobre todo, tres que son fundamentales.

User hizo una pequeña pausa y siguió hablando:

–    El primero de ellos se trata de cómo debe Vd. darme la información que obtenga en sus investigaciones. Para ello ya he confirmado con los directores de la revista digital ENCIMA DE LA NIEBLA para que forme parte de la nómina de colaboradores de la publicación. Estará Vd. a cargo de la sección “El fantasma del Templo de Debod” y, en ella, relatará todas las investigaciones que Vd. realice en cada misión, en la que se le da libertad absoluta para el tratamiento literario de los datos que obtenga en sus averiguaciones. Sé que hoy lo han despedido de la revista en la que escribía, así que ya tiene un nuevo trabajo en el que, por otra parte, le auguro el éxito que Vd. merece.

He de confesar que eso me gustó de una forma especial. Conocía la revista y colaborar con ellos era una forma espléndida de seguir con mi carrera literaria. A pesar de eso, no le dije nada a User al respecto, no sé porqué y me limité a asentir con la cabeza. User continuó hablando.

–    La segunda cuestión trata sobre los elementos que le serán necesarios para realizar su tarea, así como el dinero que Vd. necesitará para ir viviendo mientras dure este trabajo. Al final, además, tendrá Vd. una recompensa extraordinaria por sus servicios. Todo ello lo tengo ya previsto y preparado. No debe Vd. preocuparse por tales menesteres. La intendencia está lista y a punto, en todos sus aspectos.
–    Veo que le tiene todo bien pensado. Pero ¿lo tendré que hacer todo yo solo? ¿No dispondré de alguien que me ayude?
–    Precisamente ése es el tercer aspecto del que quería darle noticias. Efectivamente tendrá ayuda. No podemos, dado su excelso rango, calificarlo como un ayudante. Pero le servirá extraordinariamente en sus investigaciones. Sus poderes, que a veces parecen ilimitados, los apreciará Vd. en lo que valen. Tenga en cuenta que al moverse en un tiempo que no es el suyo no deja de ser, en cierto modo, un territorio hostil, pues le pueden surgir dificultades que no podrá solventar con los modos a los que Vd. está acostumbrado en su tiempo y le será necesario, por tanto, un apoyo especial.
–    ¿Y quién es esa persona?
–    Bueno, no se trata de una persona en el estricto sentido del término.
–    Intuyo otra nueva sorpresa y ¡vive Dios que no han sido pocas!
–    Vaya, Martín, empieza ya a hablar como sus antepasados – dijo User, entre risas. – Agradezco sobremanera esa receptividad. Le será muy útil en el futuro o, mejor dicho, en el pasado. -Y continuó riendo completamente destendido.

Yo también le acompañé en aquellas risas sinceras, aunque he de confesar que conocer la identidad de mi nuevo acompañante me producía un cierto desasosiego, pues mi capacidad de sorpresa estaba rebasando lo que me permitía mi imaginación y me encontraba, anímicamente, desbordado. No tendría que esperar mucho pues, detrás del templo apareció un hombre con cabeza de ibis, que me dejó atónito.

–    ¿Éste será mi acompañante? – acerté a decir, completamente sorprendido.
–    Efectivamente -me aseguró User. Pero no se preocupe, tomará apariencia humana para no llamar la atención. Como Vd. ya habrá adivinado se trata de Thot, el dios de la sabiduría, la escritura jeroglífica, la ciencia, el juicio, la magia, las artes y los muertos. Thot está considerado dios de la sabiduría y fue el inventor de la escritura, el inventor de todas las palabras, del lenguaje articulado. También es el dios lunar medidor del tiempo y el que estableció el primer calendario. Thot desempeña el oficio de escribano sagrado y documenta los hechos en la sala de las Dos Verdades. Como ve, no podría tener mejor ayuda.
–    Efectivamente, será un inmenso honor estar a su lado.
–    Bien, pues ya está todo dicho. Solo me falta comunicarle a Vd. su primer destino.
–    ¿Pero ya? -Quiero decir, ¿no vamos a prepararnos más?
–    Esta Vd. listo. Tiene todo lo imprescindible. Lo que ve e, incluso, lo que no ve. Cierre los ojos y prepárese a vivir unas historias increíbles.

Le hice caso, aún no sé por qué, dado que cualquier persona sensata se hubiera levantado y hubiera huido de allí lo más rápidamente posible. Pero le hice caso. Cerré los ojos y noté en medio de un remolino hecho de luz y tiempo, de tiempo y luz. Y al cabo de unos segundos, muy breves, aparecí con mi compañero Thot en otro lugar y en otro tiempo. Pude notar que seguía estando en Madrid, pero… Todo era distinto, al mismo tiempo que igual. Comenzaba en ese instante la apasionante historia del fantasma de Debod y yo era el protagonista, o uno de ellos; en cualquier caso, estaba preparado para vivir lo que me deparase el futuro. Eso sí, en el pasado.

Thot

Continuará…


 © Martín Z.