Especular

La habitación está a oscuras, pero Mónica decide no encender la lámpara.  Camina hacia donde supone que está el espejo. Hace poco leyó que los espejos reflejan casi toda la luz que incide sobre ellos; sin embargo, también absorben una pequeña parte. Ahora se pregunta si en la oscuridad no sucederá lo contrario: si, durante las noches, el espejo absorberá la mayoría de las sombras y regresará aquellas pocas que guarda en su interior. Sigue caminando y extiende un brazo para evitar cualquier obstáculo. También piensa, mientras avanza, si cada vez que se ha visto en un espejo, este no habrá robado una pequeña fracción de su imagen. No te veas tanto en el espejo, la reñía su madre cada vez que entraba a su habitación, que te puedes gastar. Mónica se estremece. Ahora que sabe que el espejo ha mordisqueado su imagen a lo largo de los años y la ha deglutido con pequeños sorbos de luz, reflexiona si tal vez la frase de su madre encerraba algo de verdad. Sigue avanzando hasta que las puntas de sus dedos chocan contra la superficie del cristal. Pega las palmas contra él y flexiona los codos para acercar su rostro. Todo está oscuro, pero decide cerrar los ojos. Imagina que otra Mónica hace lo mismo al otro lado. Una Mónica de sombras que avanza a tientas en una habitación llena de luz y que también ha llevado sus manos hasta un espejo negro como el alabastro. Mónica está a punto de retirar sus manos cuando unos fríos dedos se entrelazan con los suyos. Mónica grita y se suelta tras un pequeño forcejeo. Retrocede y busca a tientas la lámpara en su mesa de noche. Aprieta el interruptor y alcanza a ver una sombra que corre a refugiarse en lo más profundo del cristal. Mónica quita la sábana de su cama y cubre con ella el espejo. Se sienta en el borde de la cama. Todavía está temblando. Así que mamá tenía razón, se dice. Ahora entiende la razón de su delgadez a pesar de su alto consumo de calorías. No sé cómo lo haces, sufrían sus amigas, comes como un mozo de establo, pero no aumentas una libra. Nunca tuve un metabolismo privilegiado, razona Mónica, solo me estaba gastando mientras mi doble de sombras iba ganando volumen. Se deja caer sobre la cama y se masajea las sienes con las yemas de los dedos. Es una decisión difícil. No sabe si dejar que su cuerpo se desgaste frente al espejo mientras la otra Mónica sigue creciendo o cortar por lo sano y deshacerse de los espejos a la vez que inicia una dieta. Se encoge de hombros y apaga la luz. Ya lo decidirá en el desayuno. Nunca ha tomado buenas decisiones con el estómago vacío.  


© Texto: Kalton Bruhl
Imagen en Pixabay

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