George C. Parker

George C. Parker nació el 16 de marzo de 1860 en Estados Unidos. Sus padres eran irlandeses. Tenía siete hermanos.

Fue un conocido estafador que dedicó su actividad a la venta de sitios emblemáticos de Nueva York. Para sus curiosas actividades usó varios nombres: Mr. Taylor, Mr. Roberts James J. O’Brien y Warden Kennedy. Parker es recordado como uno de los estafadores más exitosos de la historia de los Estados Unidos, un gran maestro en su género, considerándosele como uno de los estafadores de más talento de la historia.

Aunque al principio tuvo muchos fracasos, cuando adquirió experiencia llegó a tener un gran éxito en sus operaciones, las cuales llevó a término en muchas ocasiones, por muy extravagante que fuera la “venta”. Su producto estrella lo constituyó el Puente de Brooklyn que fue vendiendo incesantemente durante cuarenta y cinco años. Lo atestigua el hecho comprobado de que realizó en numerosas ocasiones la transmisión de la propiedad del Puente de Brooklyn, haciéndoles creer a los incautos compradores que, mediante esa operación pasaban a tener el control del acceso al puente. Tal era así que, en más de una ocasión, la policía tuvo que desalojar del puente a varias de sus víctimas que pretendían poner casetas de peaje en el puente para comenzar el negocio. Pero no solo vendió el Puente de Brooklyn. También lo hizo con otros lugares públicos como la Tumba de Grant, el Madison Square Garden, el Museo Metropolitano de Arte y hasta la mismísima Estatua de la Libertad.

En cada una de estas operaciones, Parker usaba el método más idóneo para llevar a buen puerto su estafa. Cuando vendía la tumba de Grant, fingía ser el nieto del general y hasta llegó a establecer una oficina falsa para manejar sus estafas inmobiliarias. Presentó documentos falsos convincentes como evidencia para sugerir que él era el dueño legal de cualquier propiedad que estaba vendiendo. Y no solo se dedicó a la venta de bienes raíces, sino que también vendió varios programas y obras de teatro de éxito, de los cuales no tenía la propiedad legal.

Parker fue condenado por fraude tres veces. Después de su tercera condena, el 17 de diciembre de 1928, fue sentenciado a cadena perpetua en la prisión de Sing Sing por el juez Alonzo G. Mc Laughlin, donde pasó los últimos ocho años de su vida, y en la que llegó a ser muy popular, no solo entre los reclusos sino, incluso, entre los propios guardas, que disfrutaban al escuchar sus hazañas que él relataba para regocijo de todos, siendo considerado como un maestro.

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