Georgette Kokoczynski, alias Mimosa

Georgette Léontine Roberte Kokoczynski, alias Mimosa, nació el 16 de agosto de 1907 en Versalles. Su padre murió muy joven y su madre volvió a contraer matrimonio. Su padrastro era alcohólico, lo que le producía graves conflictos con él. Cuando cumplió los dieciséis años, fue acogida por André Colomer y su compañera Magdalena, que residían en París. A través de ellos, tuvo conocimiento de las ideas libertarias. 

Dos años más tarde, cuando contaba con dieciocho años de edad, se instaló en el hogar del anarquista Fernand Fortin. Inmediatamente se unió al grupo “Educación Social” creado por el mismo Fortin y empezó a participar en manifestaciones y a intervenir en festivales. 

En 1928, regresó a París, usando ya el nombre artístico de Mimosa. Allí entró a formar parte de un grupo de teatro y asistir a las reuniones libertarias de “La Revue Anarchiste”. Al mismo tiempo, terminó sus estudios de enfermera.

El 7 de noviembre de 1931 contrajo matrimonio con el periodista socialista francés Miecsejlaw Kokoczinski, tomando su apellido.


La guerra española

Su acercamiento a España tuvo su origen cuando, el 28 de agosto de 1936, asistió a un mitin en apoyo de la Revolución española. Ese mismo día tomó la decisión de involucrarse más en esa causa, que le sedujo poderosamente. Tanto fue así que, el 18 de septiembre de 1936, se alistó en el Grupo Internacional de la Columna Durruti. La destinaron al frente de Aragón, y allí marchó en compañía de los anarquistas alemanes Augusta Marx y Madeleine Gierth, para cuidar de la enfermería y las cocinas.

Georgette Kokoczynski murió, de una forma sobrecogedora, el 17 de octubre de 1936 en la batalla de Perdiguera cerca de Zaragoza, junto con otras enfermeras y docenas de voluntarios extranjeros. No hay constancia segura de las circunstancias de su muerte. La misma Lola Iturbe escribió, en 1937, que había varias versiones sobre su muerte. Según la manifestación de un testigo de los hechos, tras ser capturada por las tropas franquistas, fue objeto de una serie de disparos indiscriminados, incluso cuando ya yacía sin vida. Después, su cadáver fue quemado en un granero. Sin embargo, otro testigo recuerda el hecho de forma totalmente distinta. Según esta otra manifestación, Georgete fue capturada con Augusta Marx y ambas mujeres, desnudas y destripadas, pero aún vivas, habían sido arrojadas a las líneas del frente. 

Georgette tenía 27 años. Su muerte, junto con un gran número de milicianos internacionales y, especialmente de las mujeres jóvenes del grupo, provocó una fuerte emoción entre los sobrevivientes del Grupo Internacional. 


Tras su muerte

En mayo de 1937, un grupo de la FAI de habla francesa le rindió un homenaje en el barrio de Gracia de Barcelona. El grupo, del que Fortin era miembro, tomó el nombre de Mimosa. Y, acto seguido, declararon: “Tomamos el nombre de «Mimosa» porque es más fácil de pronunciar en castellano que el nombre de Georgette. Finalmente, como anarquistas y hombres libres tenemos el derecho de tomar ese nombre, un título que no nos parece indecente, religioso, vulgar o supersticioso. El nombre de una flor no puede sorprender a los compañeros. “

El 19 de julio de 1937, Lola Iturbe, bajo su pseudónimo de Kyralina, le rindió homenaje en la revista Mujeres Libres. 


El diario

Georgette Kokoczynski escribió un diario que abarcaba desde su partida de París en septiembre de 1936 hasta su llegada al frente de Aragón en octubre de 1936.

Consta de 45 hojas, incompletas. Fernand Fortin las copió primorosamente después de su muerte.

En esas páginas, Georgette describió su aventura española, en unas palabras conmovedoras. Reflejó las emociones que le provocaron aquellas extraordinarias circunstancias, en las que debió compatibilizar el hondo desasosiego interno que le causaba la violencia inusitada de la guerra con el esfuerzo por tener una visión clara de los hechos que vivió entonces. Formó, así, un documento de extraordinario interés, porque supo reflejar de una forma clara, no sólo su propio compromiso como voluntaria en la contienda, sino también el de sus compañeros anarquistas.
Dejó escrito: «El hechizo está lanzado, yo también voy al frente. No creo que vuelva, pero no importa, mi vida siempre ha sido amarga y la felicidad no existe. La felicidad no tiene rostro, no tiene escudo de armas ni colores y no pude encontrarla. Tenía tesoros de ternura, deseos que no eran el sufrimiento de los demás y no podía dar lo suficiente y no recibí nada, ¡tristeza! 

Voy a enseñar a todas estas personas furiosas que desprecian la única cosa verdadera, la única … la vida que respira, que consiste en ver florecer los capullos, el sol naciente y las estrellas en el cielo ¡La felicidad!  

Finalmente me voy a ir a la felicidad. Puede ser el resto de almas extintas.” 

© Felipe Espílez Murciano