Girasoles – Kiev (Ucrania) de Felipe Espílez Murciano

Tú moviste las manos. Sobre la seda del aire lloraba el viento. Y no fue por casualidad.
Fueron tus dedos de plata y mis ojos cansados. Y el trino de un pájaro cerrando el abanico de sus alas, y el agua cantando canciones olvidadas.
Y no fue por casualidad.

Tú me amabas, yo te amaba, y el sol, rey del universo, claudicaba ante una sombrilla malva. Tu mirada y la mía, un suave soplo de gasa.
Y no fue por casualidad.
Aquel día de azúcar en el alma, de sosiego en las venas de nata, en el que los girasoles devolvían la mirada y un ángel perdido nos preguntó cómo se volvía a casa.
Y no fue por casualidad.


© Texto e imagen: Felipe Espílez Murciano