Guardianes de las palabras

Y así fue como empezaron a desaparecer las palabras: el día en que decidieron esconderlas, prohibirlas, eliminarlas… Asombraba que nadie se rebelara, que nadie denunciara cómo habían sido arrinconadas las hermosas palabras con las que habíamos descrito el amor, la paz, la guerra, los mitos y la vida. Las palabras con las que habíamos construido también la universalidad de nuestra comunidad de hablantes. Esas palabras en las que se habían escrito las primera leyes de Indias para proteger el derecho a ser tratados como españoles a los que hablaban nuestro mismo idioma al otro lado del mundo.

Creció la orden de que no fueran dichas, que no fueran pronunciadas. Porque la lengua, el idioma común, unifica y nos da sentimiento de pertenencia a una entidad mayor que está por encima de todos y cada uno de los hablantes. La lengua universal debía ser aniquilada y relegada en beneficio de otras lenguas minoritarias, aunque no por ello menos importantes. 

Se creyó que destruyendo el nexo unificador que constituye la lengua, se eliminaría también la unidad y el sentimiento de pertenencia a un país que otrora fuera grande y cuya grandeza se pretende de un plumazo borrar. Borrar para reescribir y reinventar la historia común.

Así fue como una lengua que hablan seiscientos millones de personas en el mundo, la lengua de Unamuno y de Cervantes, de Rubén Dario, de Gabriel García Márquez… fue privada del derecho recogido en el artículo 3 de la Constitución a ser obligatoriamente conocida en España, y así fue como fue abolido igualmente el derecho a usarla. 

¿Dónde están ahora los escritores, los guardianes de las palabras? ¿Por qué no empuñan la única arma que cabe empuñar, que es la palabra, y se rebelan? ¿Por qué no dicen un “hasta aquí y no más allá” hemos llegado?

Echo en falta una verdadera oposición que denuncie este despropósito. Pero ¿cómo lo van a hacer unos políticos que aceptan que el español sea arrinconado en comunidades como la gallega, donde gobierna un partido que justifica que los padres no puedan elegir una educación en español para sus hijos?

Siento vergüenza e impotencia ante lo que está ocurriendo en estos momentos con la nueva ley de educación. Mi lengua, la lengua en creciente expansión fuera de nuestras fronteras, incluso en China, una lengua que hablan seiscientos millones de personas en el mundo, está siendo atacada en España y es suprimida como lengua vehicular en nuestro país. 

Echo en falta, como digo, que los escritores empuñen la única arma que cabe empuñar y se levanten para decir “basta”. Echo en falta que quienes ahora guardan silencio se rebelen al fin y defiendan su principal herramienta: las palabras. Hermosas palabras en español. Palabras.

© Blanca Langa
Imagen de Momentmal en Pixabay