Huellas de María Teresa León

Miguel de Cervantes Saavedra. El soldado que nos enseñó a hablar

Se levantó Miguel de la silla y se tumbó en las tablas preparadas para su sueño. Le parecía oír los latidos de su alma. Y se figuró que Alonso Quijada, como él mismo tantos años atrás, había salido de un pueblo de la Mancha para deshacer los enredos de los hombres tristes de una triste España, donde ya no había caballeros andantes…

– Pero aquel pobre estaba loco –se murmuró Cervantes – ¡Y eso qué importa! -se contestó.

Se levantó de nuevo, despabiló la mecha de luz, se acercó a los papeles dejados por Tomás Gutiérrez con tanto celo, leyó que aún no estaba escrito más que el encabezamiento: “Al Señor Presidente del Consejo Real de Contabilidad de Madrid…”

Trazó sobre el escrito una ancha raya. Su solicitud y descargos estaban concluidos.

Y comenzó a escribir, en medio de un silencio sólo arañado por el rasguear de su pluma, algo que debía volver traslúcidos los muros de la cárcel de Sevilla y que, pasados los siglos, aún nos aprieta el corazón: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…”

Las alertas siguieron mordiendo, espaciadamente, el silencio de la noche. La cárcel de Sevilla roncaba. Miguel de Cervantes, bien despierto, escribía sin saber que había pasado a habitar el regazo de la gloria.

El libro Miguel de Cervantes Saavedra. El soldado que nos enseñó a hablar, escrito por María Teresa León, bien puede considerase, y así lo han hecho muchos escritores, como una obra literaria del mayor orden, que brilla por sí misma y en la que María Teresa León se funde con Cervantes de una forma tan hermosa que, a veces, parecen compartir el espacio reservado a los hombres y mujeres que alcanzan la gloria de las letras, para mayor deleite del lector, que sigue la biografía de Don Miguel a través de la pureza literaria de una escritora de raza que nos brinda en esta obra una de sus mayores expresiones literarias.

Esto es lo que dijeron del libro algunos personajes:

“El libro es objeto, en sí mismo, contenedor de la más alta expresión de lo humano y herramienta de progreso” –César Antonio Molina

“El autor de Don Quijote siempre había sido uno de sus escritores favoritos. Por eso, con la confianza con la que tratamos a los buenos amigos, la gente que nos quiere y a la que queremos, ella se lo inventa, lo convierte en su propio personaje, lo recrea a imagen y semejanza de su enorme corazón. Esto es lo que ofrece al lector en Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, mucho más que una biografía convencional, el previsible relato de una vida conocida que se apoya en datos concretos, exactos y bien documentados…   Este es el hallazgo de un libro especial”. –Almudena Grandes.

“Prolonga la libertad de María Teresa al imaginar a Miguel como un Alonso Quijano armado de pluma, viejo y derrotado, cargado de amargura y sin ganas de batallar, como antes lo había pintado en versos León Felipe. Un Cervantes Quijote, que se nutre de la gloria del personaje que él mismo ha creado en una interpretación delicada y sugerente que se instala en el clima de los sueños”. – José Luis Fariñas.

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