Huellas de Rafael Sánchez Ferlosio

Alfanhuí

“La pensión era un piso pequeño que daba a un patio interior, oscuro y todo lleno de frescura con agujeritos. También había, de ventana en ventana, y en todos los pisos, alambres para colgar la ropa. Y cuando coincidían que todos los vecinos colgaban sus sábanas a la vez, queda el patio todo espeso de láminas, del suelo al cielo, como un hojaldre. Entonces sí que llegaba la luz abajo, porque las sábanas más altas la tomaban del sol, la que venía resbalando por el tejado y pasaban el reflejo a las del penúltimo piso; éstas, a su vez, se la daban a las del antepenúltimo. Y así venía cayendo la luz, de sábana en sábana, tan complicadamente, por todo el ámbito del patio, suave y no sin trabajo hasta el entresuelo. ¡Cómo se dejaba engañar la luz por las sábanas y, entrando a las primeras, no podía ya salirse del resbaladero y se iba de tumbo en tumbo, como por una trampa, hasta el fondo, tan a su disgusto, por aquel patio sucio, estrecho y gris! Pero lo más bonito era cuando se abría la puerta que daba al zaguán, y venía una aire de la calle que embocaba el patio y subía en tromba por él, arrastrando las sábanas, que empezaban a llamear hacia arriba, como un revuelo de gansos y parecía que querían soltarse de los alambres. Nunca se llegaron a escapar las sábanas, las pocas veces que se armaron aquellos ciclones. Pero sí ocurría que, sin saber cómo, todas las sábanas se cambiaban de lugar en medio de aquella confusión, como si al cesar el aire cada una se colocara en el primer sitio que encontraba libre, igual que hacen los niños de la escuela cuando entra el maestro de repente. Y así tenían los vecinos que andar buscando y reconociendo cada una de sus sábanas y deshacer aquel lío; con lo que se armaban no pocas broncas, porque las había buenas, malas y medianas.”


Este maravilloso fragmento lleno de sugerencias y de luces lleno, es el que principia el capítulo V de la segunda parte de Alfanhuí. En él, Rafael Sánchez Ferlosio, llega a la cima de la prosa poética, que además de estar floreada con un léxico excelente, ofrece al lector todo un mundo de imágenes, tan evocadoras y sugerentes que consigue el objetivo excelso de la literatura: crear un mundo mágico traspasable en el lector por pura y sencilla transpiración, enmarcado en la belleza de las palabras. Todo un universo literario para el deleite más puro.


© Redacción de Encima de la niebla

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