Huellas de Santiago Ramón y Cajal

Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Los tónicos de la voluntad

“A la voluntad, más que a la inteligencia, se enderezan nuestros consejos; porque tenemos la convicción de que aquélla, como afirma cuerdamente Payot, es tan educable como ésta, y creemos además que toda obra grande, en arte como en ciencia, es el resultado de una gran pasión puesta al servicio de una gran idea.”


Del riesgo de la modernidad a la serenidad del clasicismo: Quizá sea éste el camino seguido por el libro. Nació de la modernidad inventada por un genio en un tiempo caduco y decadente, con todo el riesgo que este concepto comporta en ese contexto tan poco dado a rupturas evolucionistas, para llegar a ser, con el paso de los años, un clásico de referencia obligada en la materia. Y este camino, sugerido a los valientes y solo alcanzable por los sabios, es fruto exclusivamente de la genialidad de su autor. Genialidad reconocida en el mundo entero e incluso en su propio país, circunstancia esta última que sublima su estatus pues bien sabido es la poca pasión que el español tiene desde siempre en reconocer valores patrios. Apoya esta afirmación el eminente histopatólogo Hugo Spatz cuando dijo:” A Ramón y Cajal le ha sido otorgado un destino que sólo muy excepcionalmente encuentra un investigador: su nombre fue y es conocido por todos los hombres de su tierra e hizo latir entre ellos el corazón de todos sus patriotas”.

Es evidente que Ramón y Cajal tenía un especial talento para escribir. Tanto es así que en una ocasión se diagnosticó él mismo de grafomanía. Esta cualidad del maestro, sus dotes de comunicador junto con su erudición científica y su capacidad de análisis social, determinó que sus escritos de diversa índole hayan sido seguidos siempre con gran interés por el público.

Como su propio nombre indica, el libro fue escrito con el propósito de brindar a los jóvenes investigadores las recomendaciones y consejos necesarios para una correcta orientación profesional en su trabajo en el laboratorio. Pero el alcance de la obra fue mucho más allá de ese objetivo primigenio para deleite de sus lectores pasados, presentes y futuros.

Su hubiera que resumir la obra en un solo término, sería, sin lugar a dudas, la palabra “voluntad”. Tanto es así, que la obra es conocida popularmente con el título de “Los tónicos de la voluntad”. Pero la voluntad no puede dejarse al libre albedrío; necesita ser convenientemente dirigida o, en el peor de los casos, controlada. Consciente de ello desde el primer momento, Cajal da una serie de consejos sobre el método científico como modo de canalizar la creatividad, el conocimiento y la propia voluntad.


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