Huellas de Teofrasto

Ignacio López de Ayala, cuando escribe el prólogo de la traducción de la obra Caracteres morales de Teofrasto, en 1787, más de dos mil años después de ser escrita,lo inicia con estas interesantes consideraciones, que bien podrían aplicarse a los tiempos actuales:

Esta obra trata de las costumbres, y hay sobrados motivos para creer que será inútil; porque el ramo primero de literatura que cultivaron los hombres fue la moral, y las costumbres se han corrompido en proporción que más se ha escrito sobre ellas. Parece, por los efectos, que los tratados y doctrina de los filósofos gentiles, y aun las acendradas máximas de los cristianos han contribuido más a familiarizarse los vicios que a corregirlos y exterminarlos. Lo más singular es que nadie pone en duda los principios de la moral; pero obrando contra de ellos, manifiestan o que no los creen o que son máximas solo especulativas que no deben influir en la conducta y comunicación con los demás. No obstante, ya que es cosa desesperada reducir los hombres a que vivan como deben entes racionales; ya que solo se sirven de la virtud para aparentarla y practicar más a su salvo sus viciosos designios; no será inútil dar a conocer sus errados juicios y equivocaciones, o sus astucias y artificios, para precaverse de ellos.

Teofrasto, era procedente de la Isla de Lesbos, aunque marchó a Atenas cuando todavía era muy joven. Teofrasto estudió en la escuela de Platón y, a la muerte de éste, se relacionó con Aristóteles. Fue un botánico y filósofo que vivió entre los años 371 a 287 A.C. Elaboró su obra Caracteres morales (Ἠθικοὶ χαρακτῆρες) como una potente y mordaz imagen de los tipos morales de su tiempo.

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