La biblioteca de Carmen Nöel

La biblioteca ascendía hasta lo más alto del mundo
donde se pierden los sueños y las estrellas,
donde se pierden los libros
y el pensamiento que los engendró.
Su escalera laberíntica e infinita
se retorcía en palabras precisas
que crecían encerrando símbolos
que a su vez encerraban sonidos
que encerraban laberintos de universos vivos
que componían abismos como planetas.

Parecía compleja,
extraña,
misteriosa.
Pero no lo era.
Era sencillamente cercana a algo que latía en mí.
Contenía una belleza antigua y plena,
seductoramente perversa y virginal,
vanidosamente solitaria y sabia
pero cercana en su tristeza y en su intensidad.

La biblioteca entroncaba en lo más secreto del mundo
donde se pierden las horas y el vendaval penetrante que las engendró.
Sus puertas, desgastadas y camufladas,
se adentraban en misteriosas trampas
que contenían verdades que no debían ser reveladas
que camuflaban imágenes y palabras de arrebatado poder
que solo con el pensamiento de su conjuro
despertaban constelaciones inmensas en la oscuridad.

Parecía impenetrable,
mágica,
terrorífica.
Pero no lo era.
Sencillamente custodiaba algo que crecía en mí.
Poseía la arrogancia del poder vital.
Oscuramente salvaje,
secretamente solitaria y frágil,
sabiamente conocedora de las más aterradoras garras
pero repleta del agudo don de la imaginación.

La biblioteca descendía hasta lo más profundo del mundo
donde se agolpan los gritos ocultos y los silencios,
donde se pierde la vida y el misterio que la penetró.
Su abismo infranqueable y negro
se adentraba en heladas cavernas
donde se enmarañaban interminables trampas
que enraizaban sentimientos turbios
que desgarraban lágrimas sobre mis venas.

Parecía terrible,
fantasmagórica,
abismal.
Pero no lo era.

Era sencillamente el refugio del miedo que habitaba en mí.
Poseía el encanto de la eternidad
y habitaba el corazón de la noche y el alma del arte,
infinitamente cálida y desconocida
pero portadora del tesoro de la soledad.

Sus hojas, siglo tras siglo,
secretamente crecían hasta alcanzar lo más alto del mundo
donde se pierden los sueños y las estrellas.


© Texto:  Carmen Nöel
© Imagen:  pexels 

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