La duquesa con mantilla

En el coto de Doñana
quedó el testimonio oculto.
Era prodiga en cariños
María del Pilar Teresa. Más,
¿fue veraz el romance de
la alta dama y Francisco?
Era gentil como una diosa galante:
Los ojos negros.
Los labios encendidos.
La larga cabellera de azabache.
El seno poderoso y palpitante.
El breve talle que el fajín de raso
comprimía.
Las manos, cual palomas primorosas.
¡Era tan gallarda y voluptuosa!
Y el artista:
La amaba y la temía.
La deseaba, desesperadamente.
La idolatraba.
La odiaba y maldecía.
Sabía de su estirpe aristocrática.
De su altivez, maquillada de llaneza.
La sabía casquivana y coqueta.
Y el artista:
La amaba y la temía.
La pintó, con el índice humillado.
Sometido a su anhelo más ardiente.
A los pies de la mujer amada.
Dos palabras ensamblaban
su pasión dolorosa y contenida.
A los pies de la mujer amada:
" SOLO GOYA"
Existía.


© Texto e imágenes: Rosario de la Cueva