La enredadera de Carmen Nöel

Aferrada a mí te centras y floreces
como una rosa muerta entre mis dedos.
La humedecida escarcha del recuerdo
gotea entre caricias
hasta el vértice callado del silencio.

Eres la duda suavemente entretejida a lo largo del camino.
Nacida en el más negro fondo del bosque.
Oculta en la caverna más escondida.
Herida por el aullido intenso del lobo.
Como una niebla esparcida en su laberinto
hasta donde muere el beso
de sus sonámbulos hilos de humo.
Irremediablemente oscura y desafiante.
Creciente y fría como una luna
que solo ella es fuerza y ausencia en el desnudo entramado del cielo nocturno.

Eres la duda, eterna encrucijada donde se invoca el camino.
Inexpugnable enigma, veneno.
Torturadora insaciable.
Tus hojas de enredadera trepan y trepan hasta el abismo profundo
donde el águila da un salto y alza el vuelo,
allá donde ambición y gloria disfrazan sus nombres de estrella
con el mágico cabello enmarañado de la noche.

Y tú sigues con tu afán
enredándote en el cerco transparente
de la tela que deshaces y rehaces,
enredándote en el turbio laberinto de la mente,
camuflando sus caminos, sesgando sus voluntades,
cubriendo cada huella anterior
con el verde ensortijado de tu paso.
Enredándote en tus brumas de conjuro.
Enredándote en la hoguera y sus enigmas.
Enredándote en la eterna encrucijada donde reina el grito lento de una lágrima
en su lamido caliente hacia lo perdido.


© Texto:  Carmen Nöel
© Imagen: Mo Eid en  pexels 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies