La entrada sin puerta

Y cruzaré la entrada sin puerta bajo mil sombrillas rojas flotando. La niebla se quedará enredada en las varillas y las rayas de los tigres en el río nadando. Será en abril, cuando canta el cerezo y el ciervo recoge en sus ojos el universo. Dos ardillas tienen entre sus manos dos amaneceres, cuatro cipreses se repiten en cuatro versos.

La poesía del mundo sobre mi piel desarmada.

Una catarata lanza al aire cascabeles, se duermen los búhos entre recuerdos lunares, las malas hierbas del camino sueñan con ser claveles. Las olas del viento se marchan sin alas, un ciruelo se despide en el aire del año pasado.

Y cruzaré la entrada sin puerta bajo mil sombrillas rojas flotando.

De la luz del conocimiento florece la bondad de la rosa, de la bondad del corazón, la mirada hermosa. Seré libre en la senda de la luz inextinguible. Tras esa puerta incendiada, arde la llama de la esencia de las amapolas.

Sobre mis hombros, mil nardos cuando cruzo la entrada sin puerta bajo mil sombrillas rojas flotando.


Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies