La espera de los párpados cansados

En aquel recodo de la vida donde se tuerce el destino, guardo tu recuerdo en el secreto de mis ojos quietos.

Me dejaste, en el filo de tu mirada, una herida de soledad no disimulada que les pide a los ángeles sus alas de aire.

Solo un silencio que se clavó en el suelo, mordiendo raíces, removiendo la tierra del miedo.

Puerta de soledad. Lloran las farolas heridas de luz. Aún me duelen los pliegues de tu vestido azul.

Una ventana se hace guitarra de geranios rojos. Suena en el aire un chasquido de besos rotos.


Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano 

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