La flor ansiaba tanto ser pájaro que un día se desprendió de su tallo para cortar el viento. No volvió para contarlo, pero dicen, los que de esto saben, que fue un vuelo tan majestuoso que hasta las aves se quedaron admiradas. Desde entonces, el árbol se lo cuenta a las golondrinas, a los ruiseñores y a los mirlos. Que un día él también fue ave, aunque solo fuera un momento.
Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies
Configurar cookies
Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.
Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.
Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.
Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.