La leyenda de tren tren y kai kai

En Chile no solo tenemos festividades sacras, también son famosas las leyendas y mitologías a lo largo del país.

Quizás una de las leyendas más curiosas y menos conocida es la del pueblo Mapuche quienes adoran la leyenda de Tren Tren y Kai Kai es uno de los mitos más poderosos del pueblo. Narra la batalla entre dos serpientes gigantescas: Kai Kai, la serpiente del agua que emerge del mar para inundar la tierra, y Tren Tren, la serpiente de la tierra que protege a los humanos elevando las montañas.

Representa el origen del diluvio, la creación de los cerros y volcanes, y la supervivencia del pueblo mapuche.

Podemos ver el eco en la crisis climática actual hace sesenta mil años, según la memoria oral del pueblo Mapuche, el mundo no sonaba como hoy. No había ruido de motores ni zumbidos en las ciudades. Solo el viento arañaba los faldeos de los cerros, y las aguas del Pacífico murmuraban secretos milenarios en la orilla. Los Mapuches “gente de la tierra” vivían en armonía con la Ñuke Mapu, la Madre Tierra, sembrando, pescando y honrando a los espíritus que habitaban cada rincón del territorio.

Pero un día, el equilibrio se quebró: desde las profundidades del océano surgió una sombra colosal; era Kai Kai, la serpiente del agua, cuyo cuerpo serpenteante medía kilómetros de largo. Con cada sacudida de su cola, las olas crecían; con cada aliento el mar se hinchaba. Y entonces se escuchó: un grito agudo, desgarrador, que partía el aire como un cuchillo de obsidiana: “¡Kai, kai, kai, kai!” el mar comenzó a devorar la tierra.

Antes del Diluvio Mapuche los ancianos, los machis, sintieron el peligro antes de verlo: El cielo se oscureció, las aves huyeron hacia el oriente, los animales de la selva treparon a los árboles más altos. Y el agua implacable, fría, voraz avanzó por los valles, arrasando rukas (casas), sembradíos y sueños. Los mapuches corrieron hacia las alturas.(Hombres, mujeres, niños, ancianos). El agua los perseguía como un enemigo sin rostro, subieron colinas, luego montañas. Pero Kai Kai no se detenía. Su voz retumbaba cada vez más fuerte, más cercana, más definitiva: “¡Kai, kai, kai!”.

Las cumbres más altas comenzaron a desaparecer bajo el manto líquido. Los mapuches, agotados, helados, miraron hacia abajo y vieron que el mundo que conocían había desaparecido. Solo quedaba agua: un océano sin fin.

Cuando toda esperanza parecía perdida, desde el corazón de la tierra brotó otro sonido. No era agudo como el de Kai Kai. Era profundo, grave, ancestral. Un rugido que hacía vibrar las piedras y despertaba las raíces durmientes: “¡Tren, tren, tren, tren!” era Tren Tren, la serpiente de la tierra.

Mientras Kai Kai representaba el caos líquido, destructor y desordenado, Tren Tren encarnaba la solidez, la protección, la resistencia. Tren Tren amaba a los mapuches. Y cuando vio que el agua amenazaba con borrarlos del mundo, decidió actuar.

El cuerpo de Tren Tren tan vasto como una cordillera, se enroscó bajo la tierra.

Y entonces comenzó a crecer: las montañas se alzaron más alto, los cerros se convirtieron en gigantes, los volcanes emergieron como torres de guardia. Tren Tren empujaba la tierra hacia el cielo, metro a metro, creando refugios donde los mapuches pudieran sobrevivir.

Mientras Kai Kai elevaba las aguas, Tren Tren elevaba la tierra. Era una batalla cósmica, un duelo entre elementos primordiales que definiría el destino del mundo.

Celia Byrne “Furia del volcán” óleo sobre tela 80X80, 2020
Celia Byrne “Furia del volcán” óleo sobre tela 80X80, 2020

Durante días y noches en la memoria mítica, el tiempo se dobla como una hoja de maqui las dos serpientes lucharon. El agua subía. La tierra subía más. Hasta que, finalmente, Kai Kai se quedó sin fuerzas. Sus gritos se apagaron. Sus olas retrocedieron. El mar regresó a su lecho, derrotado, pero no destruido.

Los mapuches, desde las cumbres más altas ahora convertidas en montañas y volcanes contemplaron el amanecer de un mundo nuevo. La tierra había cambiado para siempre. Los valles que antes eran planos ahora eran fondos oceánicos. Las colinas que antes eran modestas ahora rozaban las nubes.

La leyenda de Tren Tren y Kai Kai no es solo una historia de inundaciones y supervivencia. Es un sistema de conocimiento que encierra profundas verdades ecológicas y espirituales.

Para el pueblo mapuche, esta narrativa explica la geografía misma de su territorio: los cerros, los volcanes, los lagos, los ríos. Cada elevación del terreno es, en cierta forma, un regalo de Tren Tren. Cada valle fértil es un espacio donde Kai Kai y Tren Tren alcanzaron un equilibrio precario.

Pero hay algo más. El mito funciona como advertencia y como guía. Nos recuerda que el equilibrio entre agua y tierra es frágil. Que la naturaleza puede ser generosa o devastadora, dependiendo de cómo la tratemos. Que la supervivencia depende de la solidaridad comunitaria y del respeto a la Ñuke Mapu.

En tiempos de crisis climática, donde los glaciares se derriten, los océanos suben y las inundaciones son cada vez más frecuentes, la leyenda de Tren Tren y Kai Kai resuena con una urgencia inquietante.

Hoy, cuando un niño mapuche escucha esta historia junto al fuego de una ruka, no está solo escuchando fantasías, está recibiendo un legado, está aprendiendo que su pueblo ha enfrentado cataclismos de los que ha sobrevivido. Que la tierra, si se le respeta ofrece protección.

Las serpientes descansan con un ojo abierto y uno cerrado: Kai Kai duerme en las profundidades del Océano Pacifico rumiando sueños de agua y Tren Tren reposa bajo la cordillera listo para alzar la tierra si el equilibrio se rompe.

cuanta sabiduría tiene el pueblo Mapuche cuidando su ecosistema mientras el hombre lo destruye con edificaciones. emanaciones tóxicas entre otras, frente a cataclismos pues el pueblo mapuche sabe que debemos cuidar la madre tierra por que tren tren y kai kai están durmiendo con un ojo abierto y el otro cerrado.


Texto e imágenes © Cecilia Byrne