La madre

Dicen que ha gastado todos sus ahorros y con suerte le alcanza para comer; murmuran dos vecinas al verla pasar. Nadie imaginaría lo elegante que era, viéndola así; tan venida a menos la pobre, saliendo de un cáncer gástrico, por el que empeñó hasta el alma para poder operarse. ¡No le puedo creer, vecina! ¡Fue poco después de que la hija cayera en la droga y su pareja la dejara por otra! Pero era de esperarse, siendo bien franca, vecina: ¿Quién querría hacerse cargo de semejante cacho?; una mujer enferma, con una jubilación de mierda y dos hijos malagradecidos, que la dejan cuidando un nietecito de ocho meses con problemas de salud. ¡Pobre vecina!¡Qué pobre ni que nada! Por algo la habrá dejado el padre de sus hijos: un tipo de plata con buen carácter, picado de la araña como todo hombre, pero era cosa de aguantarle un poquito nada más, hacerse la desentendida como una lo hace, para no perder privilegios y llevar la fiesta en paz ¿No le parece, vecina? ¿Quién sabe? ¿Quién sabe qué, vecina? ¿Quién sabe si será posible, terminar siempre la fiesta en paz?


© Roxana Heise
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