La magia del circo

Dentro de los recuerdos inolvidables de mi infancia se encuentran algunas actividades recreativas que compartía con mis padres: asistir a un espectáculo de teatro infantil, ir al cine a ver una película (Pollyana, Blanca nieves y los siete enanitos, Sissi Emperatriz, entre otras), una función de títeres y la más espectacular de todas “el circo”

Este era un evento muy importante que se ligaba, por una parte, a las fiestas patrias chilenas en primavera y por otra parte a vacaciones durante los meses estivales. Cuando asistíamos a una función de circo nos encontramos con muchas novedades:  animales como el tigre, los monos, el león encerrado en una jaula rodante o el elefante engrillado. Además, había pequeñas carpas y casas rodantes que servían de camarines a los artistas. Esto me impacto tanto que decidí plasmarlo en óleo sobre una tela, obra que titulé “El circo las Aguilas humanas”

Cecilia Byrne “Circo Las Águilas Humanas” Óleo sobre tela, 50X60, 2019
Cecilia Byrne “Circo Las Águilas Humanas” Óleo sobre tela, 50X60, 2019

En el “Circo Las Águilas Humanas, Óleo sobre tela, año 2019 podemos apreciar algunos de los animales que pronto verías actuando en la función como son el elefante engrillado y el tigre enjaulado, las personas haciendo fila en las boleterías mientras los payasos entretienen al público y les venden sus productos: algodones de azúcar, globos y otros.

El resto de los artistas tenían poco contacto con el público generalmente uno se hacía cargo de la boletería, otro cortaba el boleto para ingresar y el ultimo te acomodaba en la platea en pequeñas sillas plegables o en las galerías, donde los asientos eran rústicas tablas.

La espera a que comience la función no se hacía tan larga por los mismos payasos circenses, ellos se encargaban de amenizar a través de piruetas y juegos, acrobacias y malabarismo mientras los vendedores lograban que los niños y la familia consumieran sus productos como palomitas de maíz, algodones de azúcar, dulces, manzanas confitadas entre otras.

De pronto aparece el maestro de ceremonia con un sombrero de copa y un megáfono: distinguido publico aquí comienza una nueva función del gran circo Las águilas humanas. Después de una ovación y múltiples aplausos este director de ceremonia continua su discurso “veremos a los acróbatas los malabaristas y distintos animales que serán del goce de cada uno de ustedes.

Bajo la carpa de lona rayada cuando el sol se esconde y asoma el olor a aserrín, desfilan los animales del circo como sueños antiguos que aprendieron a obedecer.

Nunca olvidare a un dúo de malabaristas Johnny y Lucy en que ella sorteaba los cuchillos que Johnny lanzaba con una venda en sus ojos. Entre sus destrezas se  destacan los lanzamientos de cuchillos y objetos como aros, antorchas que cruzan en el aire que mantienen a sus espectadores con la boca abierta y sin respirar ya que cualquier equivocación de Johnny podría lastimar a Lucy.

Por otro lado, los acróbatas desafían al cuerpo y al miedo caminan por cuerdas altas se lanzan en saltos imposibles, torres humanas, se balancean en trapecios y caen con la precisión de un latido bien aprendido. Su arte es confianza y equilibrio: confían en su fuerza, en el compañero que espera abajo, y en el instante justo para para soltar y volver a tomar.

Otro grupo importante en el circo lo constituyen los payasos que me alegraban con sus piruetas, sus historias, sus pasos torpes, sus risas pintadas bajo una nariz colorada. Son los únicos que interactúan con el público y que aparecen en cada espacio intermedio. Pero también hacen piruetas acrobáticas y malabarismo como se puede ver en la obra que plasme sobre tela la función del circo, con las medidas de 80×60, año 1995.

Cecilia Byrne “Los Payasos” Óleo sobre tela (80x60) 1995
Cecilia Byrne “Los Payasos” Óleo sobre tela (80×60) 1995

En esta obra podemos ver a los payasos en plena acción imitando a los trapecistas, contando historias que hacer reír a agrandes y chicos en general constituyen un refresco entre funciones.

Desde mi asiento todo parece mágico los acróbatas no son personas comunes …son pájaros sin alas. suben muy alto, tan alto que casi tocan las estrellas. Cuando saltan, mi corazón salta con ellos. Me da un poco de miedo…pero no quiero parpadear, porque podría perderme el milagro.

Se toman de las manos en el aire, vuelan, giran, caen…y ¡no se caen! Parecen de goma, de viento, de sueños.

Uno camina por una cuerda delgada como un lápiz, otro vuela en el trapecio como si el cielo fuera un columpio y todos confían como cuando yo salto sabiendo que alguien me va atrapar.

Yo aplaudo fuerte muy fuerte porque creo que ellos escuchan mi alegría allá arriba.

Desde que aparecen los malabaristas yo dejo de respirar un poquito para no perder la magia de sus manos: Lanzan pelotas al cielo que suben bajan y giran y ninguna se cae yo cuento una, dos, tres muchas no sé cómo lo hacen quizás tienen manos escondidas o el aire los ayuda.

Un grupo muy especial lo constituían los animales que hacían sus gracias: Los elefantes con su destreza hacen equilibrio parados sobre un pequeño taburete y levantan objetos con su trompa, los leones y tigres saltaban a través de aros encendidos con fuego, los caballos que giraban con acróbatas en su lomo, monitos que andaban en bicicleta y hacían imitaciones, perritos con vestidos bailando y haciendo gracias.

Daba pena ver a esos animales que deben haber recibido muchos castigos hasta que lograran hacer las gracias solicitadas. La desaparición de los animales en los circos no ocurrió en un solo momento, sino de manera gradual a medida que cambiaron las leyes y la sensibilidad de la sociedad hacia el bienestar animal.

En Chile, la ley que prohibe el uso de animales silvestres en los circos se aprobó en 2009. Desde entonces, los circos pudieron continuar, pero solo con  artistas humanos: acrobatas,malabaristas,payasos,trapecistas…el espectáculo cambio, y el protagonismo paso completamente a la destreza y arte de las personas.


© Texto e imagen: Cecilia Byrne